Dos años como novicia

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Hoy hace dos años que soy novicia. Hoy hace dos años que respondí, de nuevo, a tu llamada de amor. Entré al noviciado esperando un tiempo de intensidad, de escucha y de aprendizaje, de silencio y de oración, de profundizar y de hacer mi casa más hogareña (en los dos sentidos, hacerme más a Nazaret y hacerte hueco en mí). Me iba de Barcelona al encuentro de nuevas tierras, en las que descubriría a gente nueva y hasta otra manera de vivir. Era consciente de empezar un camino, aunque a la vez era prolongación del anterior, fidelidad a ese primer sí que iría renovando en adelante. Un sí que se va matizando y profundizando, que abarca cada vez más, del que he ido descubriendo la fuerza y he ido reconociendo que tiene más de don que de mérito. Recuerdo gratitud, expectativa y ganas. Un cierto temor tamizado por confianza. Ganas de entregarme y de vivir la experiencia completa y en profundidad.

Señor, estos dos años han sido años de camino, de avance (también con sus momentos de retroceso), de movimiento. De descubrirme y de descubrirte, de perderme y de (aparentemente) perderte. Me he desviado del camino, para descubrirte como ese Padre que espera a su hijo pródigo, como Padre de misericordia y ternura. Y, simultáneamente, descubrirme pequeña y necesitada de humildad, y de ti. Lo bonito es que según iba descubriendo la oscuridad en mí, iba entendiendo (aunque no siempre de buenas a primeras) lo que decía San Pablo de tu fuerza en mi debilidad, de que cuando yo soy pequeña entonces tú eres grande. Dos años en los que me has llevado de la mano mientras iba descubriendo como seguirte, como escucharte y como ponerme en tus manos (y me iba dando cuenta que también esto es don, y hay que pedirlo, pues sola nada puedo).

Y me doy cuenta que no te estoy escribiendo con fluidez, pues todo brota a borbotones y los sentimientos se mezclan con los recuerdos y estos con aprendizajes… Y es un cacao como lo es la vida misma. Y en medio de ese cacao estás tú, siempre el mismo y a la vez siempre cambiante. El inmutable con muchos rostros.

El noviciado ha sido tiempo de exponer el corazón, de derribar barreras y armaduras, de dejarme tocar… y dejarme doler. De dejar entrar al otro en mi vida y hacer de sus dolores y preocupaciones los míos, como también compartía su alegría. Tiempo de descubrir mis dones (aunque esto a veces se me ha hecho más difícil) junto con mis limitaciones, y tratar de poner las primeras al servicio de los demás y entregarte las segundas reconociéndolas como mías mientras me prometía que no dejaría de luchar por pulirlas. En estos dos años me ha mordido la soledad… Tu (aparente) ausencia… Pero he descubierto también la comunión, los lazos más profundos y que llenan más que el mero tener a alguien al lado. He encontrado la plenitud y la felicidad auténtica. He descubierto nuevos lugares, tanto en el exterior como en el interior, y me he emocionado, he disfrutado, y he soñado.

He conectado con el Cantar de los cantares, y he hecho mías las penas y gritos de incomprensión de salmos y profetas. Estos dos años me han acrisolado, aunque soy consciente de que aún falta camino por recorrer, que la vida entera es camino. He descubierto también que, aunque estés siempre, cuando no te siento te haces presente en las mediaciones que pones en mi vida, pues en todo este tiempo nunca me ha faltado una mano amiga cuando he levantado la mirada de mi ombligo para pedir ayuda. Me ha sorprendido la bondad de la gente… una y otra vez me encontraba parpadeando frente a mensajes inesperados, de apoyo, cariño y cercanía. También he descubierto la vileza, y que el mal está más cerca de lo que jamás pensé (pero he optado por seguir amando, seguir confiando, por buscar siempre el blanco pues nadie es solo negro ni solo blanco, somos grises y siempre hay algo de blanco en las personas… Prefiero ser ingenua y que me la peguen a pasar por la vida recelando de todos). Hay situaciones en las que me he visto impotente y no puedo sino dar gracias por la fe, pues aún cuando me parece que no hay nada que yo pueda hacer, siempre puedo rezar, alzar la mirada y ponerlo en tus manos sabiendo que tus planes siempre son buenos y que quieres lo mejor para cada uno de tus hijos, aún cuando a nosotros nos resulte incomprensible en el momento. También he descubierto que tú tienes tus tiempos, que no por madrugar amanece más temprano, y que cada uno tiene su proceso y nunca es tarde si la dicha es buena (ya me entiendes, no estoy diciendo que eso sea excusa para postergar el estudio… que nos conocemos). También me he visto con tantísimas oportunidades en este tiempo de noviciado y de formanda en general que la gratitud es inmensa y quiero aprovechar bien cada una de ellas, sabiendo que estoy invirtiendo en el futuro (M. Cecilia nos ha contado muchas veces sobre ese sacerdote que decía que se imaginaba a sus futuros estudiantes o fieles de su parroquia, no recuerdo bien, pidiéndole que se preparara bien para cuando le tocara el momento de guiarlos).

En este tiempo de noviciado he tenido la ocasión de conocer más en profundidad a otras formandas de diferente procedencia, así como a hacer camino junto a otras novicias. He vivido entradas y salidas (y de lejos también alguna primera profesión), y he estado en varias misas exequiales. Cada vez valoro más que lo primordial son las personas y cómo éstas influyen en la vida de uno, todas han dejado testimonio, huellas en mí, de todas hay algo que aprender.

Se me acaba el tiempo, tendremos que retomarlo en otro momento. Me queda decirte gracias, Señor, por estos años de noviciado, en los que espero haber crecido en estatura, sabiduría y gracia, en Nazaret. Gracias por llamarme, por escogerme, por amarme sin medida. Quiero, en la medida de mis posibilidades, corresponderte. Te quiero.

Yours always,

Carolina.

29/01/19 8:30am

3 años

Hace poco menos de una semana celebré mi tercer aniversario como Misionera de Nazaret. No sé hasta que punto es adecuada esa formulación. Cuando me preguntan o me presento, digo que soy monja (técnicamente religiosa) en proceso. No es cualquier cosa, ese calificativo implica una gran diferencia en la concepción y tiene gran repercusión. De cualquier forma, hace tres años que entré a formar parte de la gran familia Nazaret, y si Dios quiere, seguiré echando para adelante.

Hace ya un tiempo que de vez en cuando me da por repetir ese “tres años” casi como si de un mantra se tratara, para interiorizarlo, para hacerme a la idea y creérmelo, porque es cierto, son ya tres años. Me sorprende y me agrada. Es mucho lo vivido desde entonces, y me siento transformada. Me veo más madura, más consciente de la realidad (más capaz de diferenciarla de la apariencia y el autoengaño), más consciente también de dónde me he metido, y algo más centrada en lo esencial. Poco a poco he ido haciendo camino para dilucidar qué es lo que quiero, qué me mueve, a dónde quiero tender. He ido reconciliándome con la soledad y con el silencio, a la vez que descubría el inmenso camino que me queda por recorrer con el silencio y que esa soledad tiene muchas caras, entre ellas la soledad habitada. Me he ido descubriendo acompañada: por Dios, y por mi comunidad y los “otros”. Dentro de mi unicidad he vislumbrado que sí soy diferente, pero también una de tantos, que hay algo intrínsecamente mío y cosas que se dan de forma distinta en cada persona, pero a la vez que no soy la única a la que le pasa x o y, o que se siente p o z. Y, últimamente en mayor medida, me he ido encontrando con ese “no estoy sola en el mundo, y eso interpela”. Hoy, particularmente, ha vuelto a impactarme un testimonio que giraba en torno a una idea que me ha ido apareciendo últimamente con mucha frecuencia. Desde esa primera afirmación que me sacudiría de pies a cabeza: “Nadie entra a la vida religiosa para divertirse”, hasta ese mensaje que me ha ido llegando uno y otra vez por distintas vías y que hoy volvía a tomar forma en ese testimonio que hoy se concretaba en la felicidad de una de las hermanas por la felicidad de otras hermanas. Es ese dar que da más felicidad que recibir, pero sobretodo más que dar es un darse. Apareciendo una y otra vez cual bumerán. Darse, el otro… Somos seres sociables que vivimos en sociedad, seres de y en relación. Y cada vez estoy más convencida de que Dios me está llamando ahora concretamente a un mayor descentramiento, a poner en el centro al otro en razón de Él.

En estos tres años he tenido mis buenas dosis de altibajos. Hace un par de días fui consciente de que no conocía la respuesta al cómo estoy actualmente. Creo que ahora lo tengo algo más claro. Vuelvo a definir mi momento actual como un tiempo de búsqueda. Ahora bien, tras escribir sobre ese descentramiento (que realmente considero una llamada importante) ahora veo que la búsqueda cobra otro matiz. Esa búsqueda está afectada por esa llamada. ¿Qué busco? ¿Qué espero?… ¿Que Te/le pido? De nuevo, no es indiferente hacia donde posiciono el foco. A riesgo de sonar egoísta total por no ser ésta la norma, quiero confesar que hace un par de días tuve un momento de lucidez especial, un momento de luz… experimenté realmente lo que es alegrarse por el bien del otro. Me hizo muy feliz ver a otra persona feliz. El bien del otro me colmó, aunque fuera solo un instante, en gran medida. Pude saborear un “me alegro por ti”, muchísimo más real y transparente que esa respuesta aprendida y dicha cual formulismo. Y veo que es una escalera de dos peldaños, de la envidia a la indiferencia y de ésta a la alegría por el bien ajeno. Fue un instante, pero ahora veo que fue un instante lleno de Dios y de su gracia. ¿Pido mi felicidad o pido el bien del prójimo?

Estoy descubriendo quién soy y quién quiero llegar a ser. Me viene a la mente la cita de San Pablo a los Romanos: “querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”. Me sorprendo consintiendo a lo que no me beneficia. Pero recuerdo la imagen de la goma de caucho, hay todo un rango desde la laxitud hasta la tirantez que acaba rompiéndola, y dentro del rango se halla ese punto de equilibrio óptimo donde poder dar lo mejor de una misma. Por eso, quiero alimentar mis ideales, luchar por mis sueños. Y sé que Uno es el modelo y guía. Y sé que el encuentro y la escritura con los medios por el que conocerle y poder ir configurándome con Él. Una persona me dijo una vez: “no temas encontrarte con Jesús (…) Es verdad que puede herir, pero herir de amor, en palabras de Santa Teresa. (…) Es un buen tipo… Te puedes fiar de Él” y estoy más que dispuesta a dejarme encontrar, a abandonarme confiada en Sus brazos. Así que sí, Señor, con tu ayuda (te lo pido) me comprometo a estar atenta a tu voz para abrirte la puerta y que entres para que cenemos juntos.

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Preguntas

Tengo la suerte de vivir con alguien que sabe hacer preguntas. La suerte y la desgracia. Desgracia en el sentido de que interpela, moviliza, y una a veces preferiría quedarse tranquilamente en la inopia… pero acaba una agradeciendo y tachándolo de suerte, porque en el fondo sé que es bueno que nos saquen de la zona de comfort. Hace mucho tiempo que no escribo aquí, lo sé, y he tenido intención de hacerlo. La verdad es que he tenido un par de meses extremadamente movidos. Se mezclaban dos cosas; por una parte, no en todo momento estaba dispuesta a sentarme y ponerlo todo en claro y sobre la mesa, por otra, cuando lo hacía era demasiada verdad y crudeza como para exponerlo aquí en público. Así que el tiempo ha ido pasando, y no he escrito. Ahora, las aguas casi han vuelto a su cauce.

Ovillos
Lo que me ha llevado a escribir hoy, además de que hacía tiempo que quería y me sienta fenomenal para aclarar ideas y compartir, es una pregunta que me han hecho hace apenas un ratito. Nada del otro mundo, y sin embargo un mundo. Me recuerda a una amiga, que también sabe hacer la pregunta oportuna en el momento oportuno, y te deja pensando. Las personas somos complejas…. al menos yo me veo a mi misma como un ovillo todo enrevesado. Y me he dado cuenta de que suele haber una capa subyacente, de que las personas actuamos movidas por un sinfín de fuerzas: motivos, esperanzas, anhelos, sueños, miedos, proyectos, fachadas, mecanismos de defensa… suele haber algo más, suele haber un por qué aunque éste esté velado incluso a nuestros propios ojos. No siempre sabemos qué nos mueve, pero no hay duda de que conviene preguntarse. En el fondo, esos porqués nos mueven, y lo que hacemos… o lo que perseveramos en hacer, acaba definiendo cómo somos, y, hasta cierto punto, quienes somos.

Tengo ganas del verano, del cambio de aires… no quiero que sea una huida. Me pregunto, ¿De qué huir? Me pregunto ¿Si pudiera ir a cualquier lugar, a dónde iría (qué valoro, por qué apuesto, a qué renuncio… la pregunta bien considerada es muy amplia)? Me pregunto, ¿Quién me acompaña en el camino? Me pregunto cómo me relaciono con el pasado, con mi historia, y cómo afecta ésta a mi vida y mi futuro. Me pregunto qué espero de mis relaciones, y creo que es hora de ver qué espacio ocupa cada una. Me pregunto qué es lo mejor de mi vida, y qué me gustaría cambiar… y cada una de estas preguntas es un hilo, un cabo del que tirar al que van unidos muchos otros hilos, así que hay que irlos procesando poco a poco, en oración, con transparencia y sinceridad, profundizando. Es todo por ahora. Queda el final abierto, al tirar del hilo va desenrollándose, y sigue y sigue… 😉

Se va asentando…

Ha llegado la hora. Hace días que ronda por la cabeza, por el corazón… llegó la hora de dejar que se asiente. Precisamente hoy comentaba que me gustaba escribir, pero “sólo” cuando estaba “inspirada”, sólo cuando había vivencias, interiores y exteriores, que relatar. Es innegable que actualmente se reúnen las condiciones, así que, finalmente, aquí estoy, lista. Lista para ordenar, para poner en palabras, para compartir… porque cada vez que escribo, abro una puerta que permite atisbar dentro de mí, desde mi vulnerabilidad y a la vez contribuyendo a ella, exponiéndome y a la vez, precisamente por ello, ayudándome a encontrarme con una parte de mí bien real, y a veces es un respiro poder decir: uf, esta soy yo, sin maquillaje, sin antifaces, mi yo con mis luces y mis sombras… una yo que, cuando menos tiene, tiene confianza, pues está dispuesta a abrir (puerta, ventana o a veces tan solo una rendija) esperando que del otro lado aparezcan ojos que sepan ver belleza o luz donde una solo reconoce confianza, y ésta a veces llena de dudas, vergüenza y pudor. En fin, heme aquí.

reloj-arenaEstos días ha acontecido mucho, tanto, que reconozco que no he tenido tiempo de procesarlo todo. Y eso que han pasado días, y con ellos espacios de silencio que han arrojando luz sobre los hechos… bueno, los hechos son bastante claros y solo cabe asimilarlos; sobre lo que realmente hay que arrojar luz es sobre la capa inferior, sobre los motivos, los sentimientos, los miedos, los mecanismos de defensa… sobre el sentido de mi vida, sobre la meta que persigo, y, en última instancia, y es algo a lo que veo que tengo que llegar pero todavía no he tenido ocasión, sobre mi yo frente al otro, sobre mi testimonio, sobre el yo-tú junto al yo-Tú.

Vamos a por una imagen, ellas me ayudan a coger perspectiva, a ver cosas que mirándolas de frente no veía. Si generalmente hubiera descrito la situación como una montaña rusa, hoy no quiero hacerlo, pues me parece ya muy visto, y a la vez creo que puedo ir más profundo que eso. Diría… diría que estoy en una de esas casas de los espejos. Yo soy yo, y estoy entera, y normal. Pero voy avanzando por el laberinto, y me encuentro con que mire a donde mire veo espejos distintos. Toda situación me permite verme, pero también me distorsiona. Si miras el espejo, y te olvidas de todo, la has liado. Y la has liado porque lo que ves no corresponde con lo que es. Y, sin embargo, si el espejo te hace más baja y ancha, o más larga y delgada, no deja de mostrar tu cabello moreno o tus ojos marrones, pues en todo espejo hallarás parte de ti. Cada uno es fiel a una parte distinta, pero no somos partes, somos un todo. La cuestión es no horrorizarse por la imagen que da el espejo, sino saberse en una casa de espejos, trascender y abarcar el todo, y así tomarte la casa de espejos como juego, y bailar con ella… eso sí, las casas de espejos suelen ser una especie de laberinto, muchas salidas vuelven a llevarte al centro, o terminan súbitamente con otro espejo, por lo que hay que volver atrás. Es importante no desesperar y buscar esa salida, pues está ahí, y ésa es la meta.

Saberme en la casa es saberme creada. El que diseñó esa casa sigue velando. Quiero “sumarle el minuto a los dos meses” (perdón, broma privada), quiero trascender ese conjunto de espejo-situación y ver la casa-historia, y quiero verla con los ojos del Arquitecto. Me debato. Me debato entre esa imagen, de la casa de espejos, y pensar que he llevado esa imagen demasiado lejos y que no se corresponde con la realidad, como si la situación pudiera metamorfosear la identidad del que la vive. Quiero creer que no, que el peligro está en creerse la ilusión, en salir de la casa de espejos y sentirse intimidado por los ojos que parecen mirarle desde más arriba, o por el contrario salir con la cabeza demasiado erguida, y creerse con derecho a mirar desde lo alto con altivez.  Ni soy la reina del baile ni no me como un rosco, ni soy duro diamante inalterable, ni soy blando grafito quebradizo.

Me equivoqué, ya no temo decirlo, me confieso culpable. Y ahora puedo decir que la situación no me era indiferente. Tampoco pienso achacárselo todo a los condicionantes, sería irreal e injusto, pues yo era consciente, fue un acto libre. Me avergüenza, no obstante, ya no me horroriza… era la punta del iceberg, sin punta, el iceberg sigue existiendo y sigue causando daño. Cortarle la punta al iceberg, para dejar de verlo sobre el mar, no evitará que el barco vuelva a estrellarse, lo que hay que hacer es cambiar el rumbo. La cuestión es hacia dónde. Me pregunto si al cambiar de rumbo no hallaré otro iceberg en mi camino, me pregunto qué lo ocasiona, y por qué a esas zonas no les llega el sol con suficiente fuerza. Me pregunto si puedo llegar a mi destino sin pasar por esa zona, o si debo aprender a atravesarla, descubriendo a tiempo los icebergs para virar y pasar junto a ellos, pero atravesando sus aguas. Me pregunto a qué profundidad está ese miedo que he logrado identificar, miedo al dolor… que era uno de los condicionantes. Y me pregunto si la evasión es un componente de todos los icebergs o de alguno, si infesta la zona o es parte de toda zona, de todo mi mundo.

No sé si aproveché la ocasión para crear la distracción, o si coincidieron fruto del azar. Creo que tan solo adelanté lo que igualmente hubiera acontecido, pero no hay manera de saberlo. El todo es que una situación ha cogido más protagonismo, porque me sitúa más en el centro, está más sujeto a mi control. Quiero dedicarle un pensamiento al otro. Duele, pero no en exceso. Da miedo, sí, aunque vuelva a posicionarme a mí más en el centro, esa emoción sobresale. Soledad, responsabilidad, madurez, ejemplo, comparación, pepito grillo, fidelidad… muchos conceptos vienen a la mente al intentar explorar ese miedo. Pero también, gracias a Dios, puedo dar un paso a un costado y siento empatía, y buenos deseos para con otro, y me descalzo y tiendo la mano. Como acostumbra a pasar, prevalecen los recuerdos de lo bueno y bonito, la alegría, la broma, la compañía… y la complementariedad. Me acordaré, estaré.

Se hace tarde, he perdido el hilo… si es que alguna vez lo hubo. Sé que he hablado mucho en parábolas, símiles y figuras, sin llegar a relatar lo acontecido… me perdonaréis que exponga mis vivencias aunque no los hechos, no soy la única implicada, y hay cosas que es mejor que queden así, “veladas”. Con esto me despido, hasta la próxima publicación.

 

Just do it!

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– Venga Carolina, mueve el trasero y siéntate en la almohada para reflexionar.
– Ay no, no, que aquí estoy tan bien… ¿y qué diría?¿sobre qué podría escribir?
– Venga va, cuesta pero vale la pena
– No, no. Ya sé! Es que no tengo batería… (y es cierto). Fiú, suspiro de alivio.
– “Tú sabrás” (con tonito)
– (hago caso omiso y, de repente, pierdo la wifi.) ¿Será signo?
– (bailecito previendo la victoria)
– A ver que pondríamos… bueno va, abramos la chuleta esa de “365 Apuntes diarios para escribir”. Y, no puede ser, hoy 15 de marzo el tema es Zona de comodidad y la pregunta ¿Con qué estás más cómodo, con lo habitual y lo planeado, o con la espontaneidad del “dejar hacer”? … Vamos, que como anillo al dedo, que esto es pereza total, lo reconozco… has ganado, puedes seguir bailando. ¡A escribir se ha dicho!

7! Sí, siete. Bueno, supongo que es discutible. Pero dejémoslo así por ahora. Me considero una persona espontánea, me encanta la aventura, la novedad, los desafíos… ¿hola? ¿desafíos? Y precisamente este no es uno de ellos? ¿Por qué huir entonces? Ay, acabo de acordarme de algo. A esa última pregunta mi cerebro, que busca respuestas rápidas y fáciles para todo antes que ponerse a hurgar y profundizar (aunque cuando lo hago soy capaz de bajar varios niveles), responde con la idea de bloqueo del escritor, y me viene a la mente un libro que me terminé recientemente, el hombre en busca de sentido y el concepto de intención paradójica, así que una posible solución a ese bloqueo es precisamente lanzarse a escribir, ¡yo puedo! Volvamos al tema. Zona de comodidad. Ay Señor, miro al reloj y veo como pasa el tiempo, casi se me agota.

Ten minutes left,
the clock has no pity.
So many spent in silence,
trying to fetch a thread.

The string detaches,
it’s between my fingers,
the skein’s apart,
I’m left empty-handed.

I switched the language,
to see if it flowed.
And a theme appeared,
it isn’t what I looked for.

There’s a sting in my heart,
there’s a hunt.
There’s a wall,
there’s a mask.

Shall I peek?
Is it safe?
Will it hurt?
I’m afraid

I take a breath,
open the wound
it’s okay,
It’s been a while.

I recognize this feeling,
it’s loneliness,
It’s ontological, existential
I seem to be okay.

There’s a longing,
it’s for a “you”.
It could be a capital “y”…
Maybe there are too many “you”.

Life goes on.
And I’m happy.
I lack something,
I keep longing.

My energy fluctuates.
So does my strength,
My will keeps me together
I beg you, stay by me.

Face to face

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Round and round you go

Tapping on my wall

Looking for a crack

To tear it all down

 

Knowing it is there

And You, I can tell

While inside I yearn

Hugging Teddy bear

 

But you aren’t him

And it’s You I need

To place light in me

And thus set me free

 

Oh come on, I know

I’m able to love

Opening my heart

To sync with your bass

 

What I’ve done instead

Is loving elsewhere

Going my own way

Slapping You on your face

 

Your love is so big

My soul it could fill

Resistance I keep

Trapping me within

 

This time, all along

There’s reason to hope

I always came back

We won’t stay apart

 

I look back today

And see how I’ve changed

I can feel I’m blessed

You’ve helped me remain

 

Today I agree

My best I will give

And follow your will

I promise I’m in

En la línea

El pelo revuelto, el golpecito de calor al entrar y aproximarme a la estufa encendida, la lengua se desliza sobre una muela… y surge la sonrisa. Soy consciente de haber pisado una línea, y viene a mi cabeza tantas y tantas veces en que caminé sobre el bordillo, como si fuera niña chica, con los brazos extendidos y una sonrisa de oreja a oreja, porque la vida es aventura, porque el riesgo te hace permanecer despierto y sentirte vivo, porque confiaba en mí y nunca temí caer. Porque estoy cansada de caminar sobre seguro, de temer arriesgar. Porque me conozco. Y aunque me sé frágil, me sé decidida. Aunque puedo caer, lo esencial no lo cambio tan fácilmente.

Y recuerdo este tiempo transcurrido desde que Soñé… y no ha sido fácil porque hay una tensión, es cierto, una tensión que tira en lados opuestos, pero me atrevería a decir que es una tensión que me hace crecer, que no me va a romper pero sí ensancha mis límites. Y es que la vida no es fácil, y menos si quieres vivirla en profundidad. No espero que lo sea. Y veo un gran cambio, una especie de punto de no retorno, y todo ha sido diferente.

Hoy puedo palpar la esperanza, veo un futuro posible donde antes solo había tinieblas, porque he reconocido la situación, porque he dejado de tener miedo, porque quiero arriesgar sin temor aunque no esté exento el respeto, ya que sería una temeridad tomárselo demasiado a la ligera. Creo que es hora de un cambio de perspectiva, de que la oposición se torne aceptación, e incluso gratitud.

Hace poco me acordé de un mini-descubrimiento que me iluminó esta reflexión, me llama la atención cómo muchos mini-descubirmientos de poca trascendencia en su momento, cobran especial importancia al insertarlos en una reflexión; cosas que descubrí, se me olvidaron, y ahora me ayudan. La que recordé hoy tiene los contornos un poco difuminados, pero la idea principal era algo así como que Dios está más allá de la capilla, de los rezos preestablecidos, o de todo sitio donde espere encontrarle, que Dios está en todos lados, y que el hecho de que alguna vía tradicional no me lleve a Dios no significa que no pueda hallarle en otras alternativas. Suena muy intuitivo, de sobras conocido que Dios está en todas partes, y sin embargo en su momento para mí fue toda una revelación, y hoy me ayuda a ese cambio de perspectiva.

También me recuerda que hay esperanza, y que me quedan cartas por jugar. No quiero intentar abarcarlo todo y quedarme en nada, pero veo la necesidad de un cambio radical de actitud. Es tiempo de ponerme en marcha, de actuar, de coger el mango de la sartén. De descruzar los brazos, de dar lo mejor de mi. Desde la humildad de saber que no siempre podré hacerlo, que hay días mejores que otros, y que la perfección está lejos y que si evalúo mi situación respecto a ese punto situado en el infinito, volveré a decepcionarme; pero si la evalúo en función de mis progresos en una escalera que lleva a la perfección, en la que lo que prima es avanzar o como mínimo tender a ello, esa tensión me llevará a seguir creciendo y mejorando.

Ponerse en marcha cuesta, empezar es difícil, desde recuperar el ritmo de hacer deporte o el hábito de estudio, hasta los temas referentes a lo espiritual, hace falta una determinada determinación para empezar, continuar es más sencillo. Es hora de hacerlo, dejar la dejadez, zambullirse en la piscina, y empezar a vivir, pues soy yo la que lleva las riendas (Espero que siguiendo el soplo del Espíritu). Y si quiero vivir tengo que empezar a centrarme en lo que tengo, a dar gracias por lo que día a día recibo y muchas veces paso por alto, y dejar de soñar con lo que no tengo, pues me impide ver todo lo bueno que me rodea.

Cuando la pasión falla: constancia y esfuerzo, construcción ladrillo a ladrillo. Pasó el tiempo de las excusas y la autocompasión. Me siento de nuevo empoderada, y eso me permite reconciliarme conmigo misma, y darle paso a Dios. Desde arriba veo que caer es normal, que lo importante es levantarse, y que permaneciendo abajo no lo soluciono. Y me siento fuerte, y me siento capaz, pues veo el camino a recorrer y tengo ganas de probarme a mi misma.

Por eso, me basto. Pero me basto como lo haría un director. Se sabe líder, se sabe responsable, sabe que en sus manos está el proyecto, que es suyo… y simultáneamente sabe que necesita de cámaras, de ayudantes, de estilistas, de técnicos y muchas personas y recursos más. Se sabe líder pero se sabe necesitado de otros. Y, siendo líder de mi vida, sé que por encima del director está el Productor. He tocado con los pies en la tierra, y sé de qué pie cojeo, conozco mis limitaciones (aunque igual no todas), y sé que permanecen ahí aún después de esta reflexión. Mis carencias están ahí. Pero, aunque no pueda proclamar a voz en grito ese “Solo Dios basta” de Santa Teresa, sé que he dado algún paso en la dirección correcta. Dios convirtió la flaqueza de Santa Teresa en una de las vías por las que más bien hizo. Su flaqueza se transformó en fortaleza. Yo acepto esa mi flaqueza (una de ellas) y espero poder volver a cantar con Santa Teresa en algún momento. Voy a intentar utilizar sabiamente las herramientas que ha dejado en mi poder. Y, juntos, a conquistar ese universo complejo que es mi vida.

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