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A caballo

Parece increíble que hoy hace seis meses empezara el noviciado, y que esté a tan solo un mes de cumplir dos años en la congregación. Increíble, pero cierto. Creo que tal hazaña solo puede ser concebida considerando que es a causa de la gracia de Dios. Aquí estoy.

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Estos seis meses han sido un tiempo de continuos contrastes; entre intensidad y laxitud, interioridad y exterioridad, bonanza y dificultades. Por poner una metáfora, creo que durante este proceso del noviciado he ido montando a caballo, pero con las riendas sueltas. Creo que hasta ahora me he limitado a usar caderas, piernas y talones para guiar al caballo… y no como lo haría un experto jinete. De modo que he terminado con un rudimentario control del caballo, haciéndole avanzar o cambiar el ritmo, pero sin control por lo que muchas veces me encontraba avanzando pero haciendo eses en vez de seguir una línea recta o con la necesidad de disminuir de golpe (habría bastado un fuerte tirón de riendas…) y sin embargo he tenido que contentarme con disminuir paulatinamente y no frenar a tiempo. Vivía con la ilusión del control del caballo, a la vez que sabía que no tenía las riendas en mi poder, o no sabía usarlas.

Creo que he crecido, que he aprendido, que he mejorado. Estoy inmensamente agradecida por tamaña oportunidad, por disponer de este tiempo para formarme, conocerme, conocerLe (y conocerla, la congregación). Tiempo para profundizar en la vocación y contrastarla. Tiempo no siempre fácil, ya que he entrado en contacto, en más profundidad, con mi vasija de barro (“Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros.” (II Corintios 4, 7)) y eso no es tan sencillo.

Me gustaría coger las riendas del caballo, ahondar en toda la profundidad del noviciado y buscar ser la mejor novicia posible, la mejor versión de mi misma. Quiero poner los puntos sobre las íes, llamar a las cosas por sus nombres, enfrentarme a mis miedos y aceptar y profundizar en mis fortalezas. Quiero llevar las riendas, controlar mi caballo y aprovechar lo que me queda de noviciado, que aún hay tiempo para todo.

 

Elecciones

Pregunta profunda

De repente, me encuentro con esta pregunta sobre la mesa. Primero, la sorpresa, a continuación, la vergüenza… y después cala. Tardo un momento en reaccionar, tras el cual externamente me “sacudo los hombros” y hago broma; incluso lo llevo más allá, y reconozco que me paso. Mientras, por dentro, la pregunta ruge y me grita.

Incluso ahora, sentada ante el ordenador, me remuevo en la silla. Es una pregunta candente, una pregunta que me interroga, me presiona, me compromete. Me siento desenmascarada, mis negligencias, mis tonterías quedan al descubierto. Sin embargo, no es una crítica, no es un reproche, es una pregunta.

“¿Qué vas a hacer? de ti depende…” Es oportunidad, pero también es llamada de atención. Lo es porque hay interés, porque la respuesta importa, porque solo se corrige cariñosamente al que le dedicas el tiempo, al que le enseñas, a ése en quién tienes esperanza, sueños, expectativas…

Y me detengo es esa “o”, esa “o” que indica que una opción excluye la otra, que no puedo responder sí a lo primero a menos que diga no a lo segundo. Por mucho que quiera responder sí a lo primero, tengo que plantearme ¿conmigo todo es un cuento?

Cuerda FlojaYo que reconozco que salto de flor en flor, creo que me dio por un nuevo hobby, me decidí a actuar en un circo, a especializarme en caminar sobre la cuerda floja. Ahora una y luego la otra, ahora cuenta luego es cuento. Por suerte, mi madre es coach, y en el coaching la mirada está puesta en el futuro. El pasado ya pasó, ¿qué voy a hacer a partir de ahora?

Desde que lo leí sabía la respuesta, bueno, sabía el ideal. ¿El problema? La renuncia. Toda elección conlleva una renuncia. Y esta pregunta requiere sobre todo confianza, fe. Soy hija de mi época, aunque eso no me excusa. Sin embargo, la sociedad de hoy en día sí tiene unas tendencias en las que es fácil caer. La gratificación instantánea, la “alergia al compromiso”… y tantas otras cosas.

¿Cómo conformarse con lo finito existiendo lo Absoluto? ¿Cómo agarrarse al infinito cuando supera toda capacidad humana, cuando escapa de nuestra comprensión? Sé que es lo más grande, el gran tesoro… y, en el fondo, quiero que cuentes conmigo. Pero, siempre hay un pero… Pero qué fácil es escudarse bajo ese “no está claro”. No lo sé, no sé qué me estás diciendo, así que “mejor voy a la mía”.

Quiero que cuentes conmigo… pero me reconozco llena de fragilidades, me reconozco “hecha de barro”. Quiero que cuentes conmigo… a pesar de que muchas veces me desvío, y convierto mi seguimiento en cuento. Quiero que cuentes conmigo… sin darte nunca por vencido, porqué sólo Tú eres el Inmutable, y sólo tu fidelidad dura eternamente. Necesito de tu mano para guiarme en las noches oscuras; la luna que me regalas una y otra vez, fruto de tu Amor.

Cuando el mundo me llame, recuérdame que contigo
puedo derrotar al mundo, a través de la fe. Recuérdame que cuentas conmigo aún cuando me equivoco, cuando mis limitaciones son más patentes, cuando pierdo de vista la meta, cuando dejo de mirar la maravilla del horizonte y mis ojos se centran en mi ombligo. Recuérdame que no puedo relajarme, que la vida es una continua lucha, que el sí debe renovarse día a día. Recuérdame que de mí depende, pero que Tú siempre estás esperando con los brazos abiertos.

Quiero que cuentes conmigo, te pido que me enseñes el camino y que me ayudes a alejarme de todo lo que me aparta de ti. No quiero que conmigo todo sea un cuento, pero sí que en mi vejez pueda contar el maravilloso cuento de una historia vivida en plenitud, una historia guiada por el amor que tuvo lugar porque supe mostrarme dócil al sueño que tenías para mí.

¡Cuenta conmigo!

Reencuentro con el amado

Luna

Hoy te me escondiste,
Y ahora te revelas.
De nuevo en la luna
Que hoy está llena.

Oh luna preciosa,
Tú eres mi regalo.
Aunque no lo sepas,
Te envía el Amado.

Hoy me puse tensa,
Te llamaba a gritos,
Buscando por dentro,
Tú te habías ido.

Caprichosa mía,
A ti te esperaba,
Pues al calendario,
Tú estas atada.

Mas siempre me cuadra,
Tú siempre apareces,
Cuando mi alma anhela,
Que mi Dios me bese.

Ahora que estas plena,
Dura un breve instante,
Confío en que vuelvas,
No vas a dejarme.

Sé que soy tu amada,
Señor, Amor mío,
Toda yo me entrego,
La luna es testigo.

Gustarte y sentirte,
Eso es lo que quiero,
Mañana querido,
Tu pasión cual fuego.

Reflexión: Lo + importante en mi vida

reflexionar

Ante mi una pregunta nada sencilla: ¿Qué pienso que es lo más importante en mi vida?

A primeras lo primero que me viene es: debería ser mi familia, (muchos años arraigado), a continuación surge un: mejor aún, debería ser Dios… y yo me pregunto cuál es la verdadera respuesta a esta pregunta; no lo que debería ser sino lo que es. Y no tengo clara la respuesta. Reflexiono. Me encuentro ante una encrucijada. ¿Lo más importante es lo que más valoro o es lo que tiene una posición central en mi vida? Hay cosas imprescindibles pero que no por ello las aprecio realmente o las valoro más (Fácilmente podría decir que es importante comer, dormir, la seguridad… Pero yendo a lo profundo: ahora mismo para mi es importante/imprescindible la compañía, pues me cuesta vivir la soledad).

Egoístamente pienso: para mi lo más importante en mi vida es ser feliz, realizarme personalmente. Pero me pregunto: ¿es la felicidad pequeña del día a día, o el éxtasis y momentos de auténtica felicidad, o un futuro donde alcance la plenitud de la felicidad? Lo más importante es saber que tengo una familia que me quiere, oportunidad de estudiar… cosas que muchas veces doy por sentadas y me permiten “ir tirando”, o cuando de repente surge un plan inesperado y me pongo feliz por la aventura? ¿o lo más importante es vivir de y esperando grandes momentos como cuando decidí entrar o me sentí muy amada por Dios? ¿O será lo más importante en mi vida ir siguiendo el camino de Dios porque eso me llevará al cielo y a la felicidad eterna? ¿Es realmente la felicidad o las cosas que me la aportan lo más importante en mi vida?

Para mi es importante éste mi camino como religiosa, pero tampoco lo tomo como un absoluto, no siempre. Y a veces me desvío, no siempre actúo de manera que favorezca este camino. Me acerco al peligro en vez de alejarme de él, dejo las puertas o abiertas o entreabiertas en vez de cerrarlas y seguir adelante. ¿Pondría en peligro lo más importante de mi vida? Quizás sí, o quizás realmente no lo es.

Es más fácil mirando atrás que mirando el presente. Quizás podamos seguir este camino. Veamos, creo que el momento más importante de mi vida, uno que me marcó profundamente y me ha moldeado es uno que ocurrió hace mucho tiempo, en Inglaterra. Es el momento que yo considero que fue mi auténtica conversión. No sé si fue mi primer encuentro con Dios, pero fue el más potente hasta ahora y es uno que revolucionó mi vida. Ocurrió por equivocación casi, y yo era, a mi parecer, bastante pequeña. Pero ese momento se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo. Ha ido creciendo según me iba nutriendo de él. Es un momento que me ha acompañado y me sigue acompañando hasta ahora.

Si el momento más importante fue un verdadero encuentro con Dios. Y Dios sigue siendo. Entonces… ¿será Dios lo más importante en mi vida? Cumple la condición de lo que debería ser y lo que quiero que sea. Y fue importante en el pasado, con lo cual podría ser aún lo más importante. Al fin y al cabo, he moldeado mi vida alrededor de eso, si estoy donde estoy es siguiendo su llamada, porque me ha dado ésta gracia. Lo malo es que estoy en una ligera noche oscura desde hace algún tiempo. Eso dificulta las cosas. Y desde hace un rato me viene a la mente el versículo: Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Mt 6, 21) Si Dios es mi tesoro, allí debería estar mi corazón. ¿Lo está? A veces sí y a veces no. Pero eso quiero. Dios es la verdadera fuente de felicidad. En Él alcanzo la plenitud. Es maestro, amigo, compañero, es rey, es misericordia y es Amor. Así que la respuesta a la pregunta sí es Dios. Dios es lo más importante en mi vida. Como quiero vivir en coherencia, debo vivir en consecuencia.

Señor, hoy vuelvo a decirte: “Toma las riendas de mi vida, vuelvo a situarte como el único dueño de mi corazón, hágase en mi tu voluntad. Tú eres mi mayor tesoro, colmas todo deseo, tú lo vales todo.”

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Reapareciendo con popurrí de ideas

Entro de nuevo a mi blog, después de un tiempo. Todavía me inquieto al observar que la última entrada se titula navidad. Hace tiempo que la navidad quedó atrás. Vuelvo a dirigirme a  “entradas” para escribir una nueva, y veo los borradores que quedaron sin terminar y que no tiene sentido retomar ni publicar. Y esta vez espero que este pueda salir a la luz, que este llegue hasta el final. Lo que sé es que si no me pongo a escribir, si no empiezo el proceso, es imposible que llegue a término.

Estamos en Cuaresma, se acerca ya la Pascua. Quedan cerca los Ejercicios Espirituales, y los espero con gran emoción no exento de temor. El año pasado me fueron bien y fueron fructíferos, pero no por eso fueron en todo momento “fáciles” o placenteros. Esta vez la situación es otra, creo que he avanzado por el camino del “desierto” y el silencio, de la soledad. También he tenido más tiempo de oración ahora que estoy en el Noviciado. Como no he podido publicar los posts/entradas que quedaron en borradores, me da que esto es noticia ¡Ya soy Novicia! y estoy encantada de este gran paso. Volviendo al tema, parto de otra situación, pero a la vez está en contraposición un mayor conocimiento de la “noche oscura” pero ojalá pudiera decir que era como Santa Teresa, que viviéndola la amaba y permanecía tenaz.

Siento que el tiempo vuela, los días se suceden uno tras otro y casi sin darme cuenta la semana ha terminado. Ya llevo dos meses aquí, en Tenerife y la verdad es que estoy encantada. Me encanta el lugar, los lugareños y mis clases. Me encanta mi comunidad, las oportunidades que se me dan, y las sorpresas del día a día. Incluso me gusta esa rutina que poco a poco intento apreciar como “rutina habitada”. Me encanta los pasos pequeños pero significativos, ese intento (a veces logrado, otras no tanto) de salir de los formalismos y convertirlo en significativo, de dotarlo de sentido y de que sea una vivencia real. También, aunque a veces caiga en un cierto derrotismo, es esperanzador ver que mis pequeños fracasos son parte de un proceso, son camino de esperanza.

¡Es tanto por lo que puedo dar gracias cada noche! Eso no quita que hayan cosas que parece que en vez de avanzar vayan para atrás, cosas a mejorar y cosas que me producen frustración. Supongo que hay un yin y yang en todo, los aspectos negativos llevan a su plenitud los positivos. Es por eso que me quiero recordar a mi misma y a vosotros queridos lectores, que lo importante son las gafas que te pongas. Gafas de sol que lo oscurecen todo o gafas graduadas que te permitan enfocar y ver en full HD todas las maravillas y bellezas de la vida.

Gafas

Hace poquito me mandaron gafas y, aunque la graduación es bastante baja (no conozco la jerga oftalmológica), con ellas puestas ¡cambia el mundo! Lo veo con mucha más resolución. Ahora que he puesto esta metáfora de las gafas, intentaré acordarme cada vez que me ponga las gafas de ese enfoque positivo que me permita admirar la belleza que me rodea sin que ésta me sea indiferente.

Parece que he conseguido llegar al final… Esta entrada no tiene mucho contenido pero espero que la próxima no tarde en llegar. Hasta la próxima.

Christmas

Christmas, Navidad. Me gusta el nombre en inglés; Christmas viene de Christ, Cristo, y Mas, de Mass, misa. La misa de cristo. También Navidad hace referencia a natividad y al nacimiento, pero de alguna forma la palabra inglesa es para mi mas explicita y significativa. Y es que una de las primeras cosas que me suelen venir a la mente al pensar en Navidad es ¡Bien, vacaciones! (Jeje supongo que serán vestigios de mi juventud y mi vida estudiantil.) No obstante, poco a poco va calando más en mi el significado real de lo que celebramos. Es cierto que Navidad son vacaciones, ambiente distendido, villancicos, reuniones familiares, buenas comilonas y regalos. Pero más importante aún, navidad es alegría y es esperanza. Navidad es nacimiento, es vida, es el cumplimiento de la mayor promesa, es confianza. Navidad es revivir la venida de Cristo, nuestro Salvador. Navidad es sencillez y humildad, la alegría inigualable de unos padres que se saben bendecidos con un tesoro, es esperanza de futuro. Navidad es el largo camino de los tres reyes, con fe guiados por una estrella. Es la primicia en manos de los pastores, un rey en un pesebre rodeado de gente humilde pero noble de corazón. Navidad es nuevo comienzo y nueva oportunidad para hacerle un huequecillo a Jesús en nuestro corazón y aclimatar ese pesebre propio para prepararlo para su llegada. Navidad es calidez en medio del frío invierno, estrellas iluminando nuestras tinieblas. Navidad es la dulzura de un bebé que se siente querido y protegido, inocencia pura que ignora las dificultades del camino por venir.

A una semana de Navidad, mi corazón goza y se alegra. Y en medio de los quehaceres diarios, intento tener presente el verdadero espíritu de la Navidad. Intento centrarme en lo esencial. Vivir la Navidad como la Buena Noticia, y preparar mi corazón para su llegada. Os deseo una feliz Navidad y que este año Jesús se os haga verdaderamente presente para que podamos compartir la mayor alegría que puede haber.

¡Feliz Navidad!

Waiting

So, a bit reluctantly, a bit relieved, a bit worried I start again my writing journey. It’s been a very long time since I last wrote. And as with everything else in my life, beginnings are difficult. That is, beginnings which involve fulfilling my expectations, and quite high ones I feel I must say. Self disappointment is one of the things I find most difficult to cope with and therefore I tend to keep delaying things waiting for the perfect moment, the perfect idea or inspiration… But here I am, just jumping into the pool with a “key word” which is good, even though there have been better which I’ve rejected.

Today’s prompt was “waiting“. I feel like my whole life right now is in a waiting mode, and I want to turn down that switch asap. I’m waiting for the time to pass. Waiting for things to just fall from the sky. Waiting for answers without really searching for them. Waiting for everything to get in its place… Waiting for my life to regain sense.

One of the golden rules of physics is that without an external force, without a change in the environment, the object remains at rest. Other philosophers also have stated that unless you change something, the outcome will remain the same. Therefore, same applies to my life. Wanna see changes? Then do something to achieve!

I guess… Right now I’m lacking motivation and I’m “happy enough” just going along and waiting for who knows what. I mean, theoretically, there’s no problem at all. And that’s precisely the problem. If it was just a matter of facts and reasons, it’s easy to sort it out, search for a hook or even just choose and decide if the problem is a lack of a clear and specific goal. But how do you fight against this feeling of unease and passiveness. How to reach the point where mind and heart are one and in harmony, together. That’s where it gets tricky. Same thing which used to make my heart leap now arises in me just mere indifference.

Time’s up. As I arrive to my destination, I flip to the next page and activity, and all this mess is swept into a dark corner deep into my mind. To stay there hidden and overlooked until I manage to find the next good moment to return back to it… Today’s dream challenge is to manage to be more focused and the real and specific challenge is to find one thing to be grateful for at least once every hour during this week.

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