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A story which goes beyond

I’m walking
In the street
When I see
A young girl

I’m watching
From a distance
Taking care
That she’s okay

I’m nervous
As she stops
Looks at both sides
And runs across

I’m running
Right behind
But it turns
Into a stroll

I’m wondering
What she sees
Through that window
As she stands

I’m hoping
She’ll realise
There’s no need
To run and hide

I’m waiting
For her to see
I’m signalling
Her way to me

I’m love
I’m mercy
I’m goal
I’m hers

She’s mine
She’s good
She’s treasured
She’s coming!

o-woman-walking-in-new-york-city-facebook

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In crescendo

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Tinc una petita espurna
Que somia ser un foc
Somriu en mirar enrere
Però no es deixa aturar
Esperançada mira endavant.

Tot esperant un signe
Que no havia d’arribar
Sorpresa se n’adona
Que un gros li han regalat
Més no podia desitjar.

No siguis pocasolta
I bufa ben fort
No deixis que marxi
Tan bona oportunitat
Veuràs com s’avivarà.

No esperis pas
Que vingui un huracà
Que quan tot passi
Res no quedarà
I tornaràs a començar.

Ves al tanto
Bufa dolçament
No intentis córrer
L’has d’alimentar
L’espurna romandrà.

Moisès davant del foc
Mateixes objeccions
-és que jo no puc
quin és el teu nom
-jo sóc l’amor.

Em costa mirar-te
Perquè em sento fatal
Per no intentar-ho
Et demano perdó
La creu és redempció.

No estàs enlloc
Tampoc en “el lloc”
Estàs a tot arreu
Cridant-me pel nom
És aquest l’error.

20 años a tu lado

IMG_8851.JPGMi querida hermana,

Me conoces, sabes que me emociono con presura, que todo es motivo de fiesta e ilusión, y que hasta las cosas más pequeñas fácilmente las vivo como excepcionales (cuando no son parte de la rutina). Bien sabrás entonces que este nuestro cumpleaños es para mí, como seguro también para ti, cosa bien grande. 20 años. 20 años… Sí, te imagino sonriendo, como lo estoy haciendo yo ahora, pues veinte años implica un cambio de década, y nos pilla en momentos muy especiales. Me parece increíble que estés tan lejos, en Bélgica, cuando hasta hace dos años no nos separábamos para nada. Qué gran oportunidad que sé aprovecharás al máximo. Y mírame a mi, en el noviciado, creciendo… ¡o eso procuro!

Ante todo lo que me brota del corazón ahora mismo es una acción de gracias. Mientras ayer reflexionaba un poco sobre el contenido de esta carta, concluí que un indispensable es ese gracias “abbá”, nuestro padre del cielo, por soñarnos, creer en nosotras y guiarnos durante estos 20 años, desde antes incluso de darnos vida insertándonos en el seno de la que considero que es la mejor familia del mundo; que, con sus pros y sus contras, nos ha criado, formado… enseñándonos a vivir, a ser buenas y ante todo el valor del amor, amándonos y haciéndose amar, todo un “learning by doing”. Y es que si algo he aprendido en estos 20 años es que lo que prima son las personas, esa es la auténtica riqueza, y doy gracias a Dios por haber llenado mi vida de tantísimas personas que han estado (pues termina pesando más el estar que el hacer), que han sido intercesoras y también modelo… y doy gracias por ti, mi melliza, mi compañera de travesía, la que mejor me conoce… my sis.

Gracias, porque eres buena y cariñosa, entregada y detallista. Porque eres muy trabajadora, y responsable; y muy paciente conmigo cuando no lo era/soy tanto. Porque nos complementamos de maravilla, y para mi siempre fuiste mi “professional fashion designer” (y te aseguro que ando perdida sin ti). Gracias por tus abrazos, esos apretados de los que siempre intento zafarme pero que a veces me vienen como anillo al dedo. Gracias por tu voz angelical, toda tímida y vergonzosa en general pero potente y desenfrenada en la intimidad, porque siempre hubo la máxima confianza entre nosotras, y eso la distancia nunca lo debilitó ni lo debilitará, porque siempre contamos la una con la otra, como debe ser. Gracias “my twin” por estos 20 años en los que has sido ejemplo diario, porque siempre he admirado tu sencillez, tu hondura y profundidad, tu lealtad incondicional, y el tener siempre una palabra dulce que decir, y porque siempre fuiste mediadora de paz, afianzando el trío de hermanos, todos por igual. Gracias porque has sido una hermana inmejorable, pero también una gran persona. Igual que al ir creciendo íbamos poniéndonos de puntillas ahora la una ahora la otra para ver quien era la más alta, también a otro nivel me haces ponerme de puntillas para llegar a tu altura, me impulsas a ser mejor persona y mejor hermana. Gracias.

No sabemos el día ni la hora de nuestro final. Podemos tener toda una vida por delante, o podríamos abrazar al Padre mañana mismo. No lo sé. Lo que sí sé es que estos 20 años he vivido una vida bien plena. He encontrado el sentido de mi vida, también lo he perdido, hallándolo de nuevo y perdiéndolo otra vez… He sentido momentos de auténtica felicidad y alegría, pero también me he sentido triste y “low”, momentos de mucha intensidad, pero también tiempos estancos que en su momento parecían estériles pero luego resultaron no serlo. He vivido de todo, y he vivido bien. Hecho la mirada atrás y me veo algo curtida pero sobretodo dichosa por todo lo vivido, todas las oportunidades que nos han concedido y todo lo que nos ha sido regalado y nos ha ido calando. Suerte la mía que miro atrás y abunda el color y la luz. Tengo que dar gracias también por esa memoria selectiva que se centra sobretodo en lo bonito y gratificante, aunque sin borrar del todo lo demás, pues son también fuente de aprendizaje. Quiero quedarme con el valor de las personas, con la importancia del agradecimiento, con esa inocencia y alegría del niño que permanece en mi. Quiero quedarme con la visión global, con la importancia de ensanchar los horizontes, con que lo importante suele ser intangible, con la mirada puesta al futuro aunque cimentada sobre lo experimentado. Quiero quedarme con la revolución que causó Dios en mi vida, para nunca dejar que ese fuego se apague, y nunca cejar en anunciarte, en contagiar eso que para mi ha sido el mayor regalo. Quiero quedarme con que la vida es camino, es dinamismo, es movimiento, no siempre es cierto eso de que “los tiempos pasados fueron mejores” ni tengo que esperar para disfrutar del futuro, sino que debo vivir el ahora, pues es el único tiempo disponible en el que puedo cambiar. “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”…

Quiero finalizar con buenos deseos. Deseo que seas feliz, que construyas tu felicidad, que te construyas a ti misma y el mundo que deseas. Deseo que persigas tus ideales y te mantengas constante y con fuerza. Que no te amedrenten las adversidades, que siempre trabajes tu creatividad para buscar como sortearlas, pero que sepas pedir ayuda cuando la necesites, confiando en que nunca faltará la mano en la que apoyarte. Deseo que mantengas ese espíritu sencillo y humilde, que encuentres siempre buenas amistades y que las pasadas no te hagan caer, que antepongas tus valores a lo que te ofrece el mundo, que tu voluntad sea férrea y te ayude en tu empeño. Deseo que te veas tan guapa, inteligente y buena como te veo yo, que nunca olvides a tu familia y que cuides a los abuelitos, pues la familia hay que nutrirla, y somos los que siempre estaremos a tu lado, pase lo que pase, queriéndote y cuidándote. Deseo para ti tantas cosas… En el fondo, lo más importante es que deseo que te sientas amada, (también por Dios), que sepas darte por completo y amar hasta la médula. Que sepas valorar lo que tienes y luchar por lo que quieres sin darte por vencida. Deseo que tengas una vida larga y plena, deseo estar siempre a tu lado (trascendiendo lo físico). Deseo lo mejor para ti, pues tu eres una de las mejores cosas para mi.

A caballo

Parece increíble que hoy hace seis meses empezara el noviciado, y que esté a tan solo un mes de cumplir dos años en la congregación. Increíble, pero cierto. Creo que tal hazaña solo puede ser concebida considerando que es a causa de la gracia de Dios. Aquí estoy.

principe

Estos seis meses han sido un tiempo de continuos contrastes; entre intensidad y laxitud, interioridad y exterioridad, bonanza y dificultades. Por poner una metáfora, creo que durante este proceso del noviciado he ido montando a caballo, pero con las riendas sueltas. Creo que hasta ahora me he limitado a usar caderas, piernas y talones para guiar al caballo… y no como lo haría un experto jinete. De modo que he terminado con un rudimentario control del caballo, haciéndole avanzar o cambiar el ritmo, pero sin control por lo que muchas veces me encontraba avanzando pero haciendo eses en vez de seguir una línea recta o con la necesidad de disminuir de golpe (habría bastado un fuerte tirón de riendas…) y sin embargo he tenido que contentarme con disminuir paulatinamente y no frenar a tiempo. Vivía con la ilusión del control del caballo, a la vez que sabía que no tenía las riendas en mi poder, o no sabía usarlas.

Creo que he crecido, que he aprendido, que he mejorado. Estoy inmensamente agradecida por tamaña oportunidad, por disponer de este tiempo para formarme, conocerme, conocerLe (y conocerla, la congregación). Tiempo para profundizar en la vocación y contrastarla. Tiempo no siempre fácil, ya que he entrado en contacto, en más profundidad, con mi vasija de barro (“Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros.” (II Corintios 4, 7)) y eso no es tan sencillo.

Me gustaría coger las riendas del caballo, ahondar en toda la profundidad del noviciado y buscar ser la mejor novicia posible, la mejor versión de mi misma. Quiero poner los puntos sobre las íes, llamar a las cosas por sus nombres, enfrentarme a mis miedos y aceptar y profundizar en mis fortalezas. Quiero llevar las riendas, controlar mi caballo y aprovechar lo que me queda de noviciado, que aún hay tiempo para todo.

 

Elecciones

Pregunta profunda

De repente, me encuentro con esta pregunta sobre la mesa. Primero, la sorpresa, a continuación, la vergüenza… y después cala. Tardo un momento en reaccionar, tras el cual externamente me “sacudo los hombros” y hago broma; incluso lo llevo más allá, y reconozco que me paso. Mientras, por dentro, la pregunta ruge y me grita.

Incluso ahora, sentada ante el ordenador, me remuevo en la silla. Es una pregunta candente, una pregunta que me interroga, me presiona, me compromete. Me siento desenmascarada, mis negligencias, mis tonterías quedan al descubierto. Sin embargo, no es una crítica, no es un reproche, es una pregunta.

“¿Qué vas a hacer? de ti depende…” Es oportunidad, pero también es llamada de atención. Lo es porque hay interés, porque la respuesta importa, porque solo se corrige cariñosamente al que le dedicas el tiempo, al que le enseñas, a ése en quién tienes esperanza, sueños, expectativas…

Y me detengo es esa “o”, esa “o” que indica que una opción excluye la otra, que no puedo responder sí a lo primero a menos que diga no a lo segundo. Por mucho que quiera responder sí a lo primero, tengo que plantearme ¿conmigo todo es un cuento?

Cuerda FlojaYo que reconozco que salto de flor en flor, creo que me dio por un nuevo hobby, me decidí a actuar en un circo, a especializarme en caminar sobre la cuerda floja. Ahora una y luego la otra, ahora cuenta luego es cuento. Por suerte, mi madre es coach, y en el coaching la mirada está puesta en el futuro. El pasado ya pasó, ¿qué voy a hacer a partir de ahora?

Desde que lo leí sabía la respuesta, bueno, sabía el ideal. ¿El problema? La renuncia. Toda elección conlleva una renuncia. Y esta pregunta requiere sobre todo confianza, fe. Soy hija de mi época, aunque eso no me excusa. Sin embargo, la sociedad de hoy en día sí tiene unas tendencias en las que es fácil caer. La gratificación instantánea, la “alergia al compromiso”… y tantas otras cosas.

¿Cómo conformarse con lo finito existiendo lo Absoluto? ¿Cómo agarrarse al infinito cuando supera toda capacidad humana, cuando escapa de nuestra comprensión? Sé que es lo más grande, el gran tesoro… y, en el fondo, quiero que cuentes conmigo. Pero, siempre hay un pero… Pero qué fácil es escudarse bajo ese “no está claro”. No lo sé, no sé qué me estás diciendo, así que “mejor voy a la mía”.

Quiero que cuentes conmigo… pero me reconozco llena de fragilidades, me reconozco “hecha de barro”. Quiero que cuentes conmigo… a pesar de que muchas veces me desvío, y convierto mi seguimiento en cuento. Quiero que cuentes conmigo… sin darte nunca por vencido, porqué sólo Tú eres el Inmutable, y sólo tu fidelidad dura eternamente. Necesito de tu mano para guiarme en las noches oscuras; la luna que me regalas una y otra vez, fruto de tu Amor.

Cuando el mundo me llame, recuérdame que contigo
puedo derrotar al mundo, a través de la fe. Recuérdame que cuentas conmigo aún cuando me equivoco, cuando mis limitaciones son más patentes, cuando pierdo de vista la meta, cuando dejo de mirar la maravilla del horizonte y mis ojos se centran en mi ombligo. Recuérdame que no puedo relajarme, que la vida es una continua lucha, que el sí debe renovarse día a día. Recuérdame que de mí depende, pero que Tú siempre estás esperando con los brazos abiertos.

Quiero que cuentes conmigo, te pido que me enseñes el camino y que me ayudes a alejarme de todo lo que me aparta de ti. No quiero que conmigo todo sea un cuento, pero sí que en mi vejez pueda contar el maravilloso cuento de una historia vivida en plenitud, una historia guiada por el amor que tuvo lugar porque supe mostrarme dócil al sueño que tenías para mí.

¡Cuenta conmigo!

Reencuentro con el amado

Luna

Hoy te me escondiste,
Y ahora te revelas.
De nuevo en la luna
Que hoy está llena.

Oh luna preciosa,
Tú eres mi regalo.
Aunque no lo sepas,
Te envía el Amado.

Hoy me puse tensa,
Te llamaba a gritos,
Buscando por dentro,
Tú te habías ido.

Caprichosa mía,
A ti te esperaba,
Pues al calendario,
Tú estas atada.

Mas siempre me cuadra,
Tú siempre apareces,
Cuando mi alma anhela,
Que mi Dios me bese.

Ahora que estas plena,
Dura un breve instante,
Confío en que vuelvas,
No vas a dejarme.

Sé que soy tu amada,
Señor, Amor mío,
Toda yo me entrego,
La luna es testigo.

Gustarte y sentirte,
Eso es lo que quiero,
Mañana querido,
Tu pasión cual fuego.

Reflexión: Lo + importante en mi vida

reflexionar

Ante mi una pregunta nada sencilla: ¿Qué pienso que es lo más importante en mi vida?

A primeras lo primero que me viene es: debería ser mi familia, (muchos años arraigado), a continuación surge un: mejor aún, debería ser Dios… y yo me pregunto cuál es la verdadera respuesta a esta pregunta; no lo que debería ser sino lo que es. Y no tengo clara la respuesta. Reflexiono. Me encuentro ante una encrucijada. ¿Lo más importante es lo que más valoro o es lo que tiene una posición central en mi vida? Hay cosas imprescindibles pero que no por ello las aprecio realmente o las valoro más (Fácilmente podría decir que es importante comer, dormir, la seguridad… Pero yendo a lo profundo: ahora mismo para mi es importante/imprescindible la compañía, pues me cuesta vivir la soledad).

Egoístamente pienso: para mi lo más importante en mi vida es ser feliz, realizarme personalmente. Pero me pregunto: ¿es la felicidad pequeña del día a día, o el éxtasis y momentos de auténtica felicidad, o un futuro donde alcance la plenitud de la felicidad? Lo más importante es saber que tengo una familia que me quiere, oportunidad de estudiar… cosas que muchas veces doy por sentadas y me permiten “ir tirando”, o cuando de repente surge un plan inesperado y me pongo feliz por la aventura? ¿o lo más importante es vivir de y esperando grandes momentos como cuando decidí entrar o me sentí muy amada por Dios? ¿O será lo más importante en mi vida ir siguiendo el camino de Dios porque eso me llevará al cielo y a la felicidad eterna? ¿Es realmente la felicidad o las cosas que me la aportan lo más importante en mi vida?

Para mi es importante éste mi camino como religiosa, pero tampoco lo tomo como un absoluto, no siempre. Y a veces me desvío, no siempre actúo de manera que favorezca este camino. Me acerco al peligro en vez de alejarme de él, dejo las puertas o abiertas o entreabiertas en vez de cerrarlas y seguir adelante. ¿Pondría en peligro lo más importante de mi vida? Quizás sí, o quizás realmente no lo es.

Es más fácil mirando atrás que mirando el presente. Quizás podamos seguir este camino. Veamos, creo que el momento más importante de mi vida, uno que me marcó profundamente y me ha moldeado es uno que ocurrió hace mucho tiempo, en Inglaterra. Es el momento que yo considero que fue mi auténtica conversión. No sé si fue mi primer encuentro con Dios, pero fue el más potente hasta ahora y es uno que revolucionó mi vida. Ocurrió por equivocación casi, y yo era, a mi parecer, bastante pequeña. Pero ese momento se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo. Ha ido creciendo según me iba nutriendo de él. Es un momento que me ha acompañado y me sigue acompañando hasta ahora.

Si el momento más importante fue un verdadero encuentro con Dios. Y Dios sigue siendo. Entonces… ¿será Dios lo más importante en mi vida? Cumple la condición de lo que debería ser y lo que quiero que sea. Y fue importante en el pasado, con lo cual podría ser aún lo más importante. Al fin y al cabo, he moldeado mi vida alrededor de eso, si estoy donde estoy es siguiendo su llamada, porque me ha dado ésta gracia. Lo malo es que estoy en una ligera noche oscura desde hace algún tiempo. Eso dificulta las cosas. Y desde hace un rato me viene a la mente el versículo: Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Mt 6, 21) Si Dios es mi tesoro, allí debería estar mi corazón. ¿Lo está? A veces sí y a veces no. Pero eso quiero. Dios es la verdadera fuente de felicidad. En Él alcanzo la plenitud. Es maestro, amigo, compañero, es rey, es misericordia y es Amor. Así que la respuesta a la pregunta sí es Dios. Dios es lo más importante en mi vida. Como quiero vivir en coherencia, debo vivir en consecuencia.

Señor, hoy vuelvo a decirte: “Toma las riendas de mi vida, vuelvo a situarte como el único dueño de mi corazón, hágase en mi tu voluntad. Tú eres mi mayor tesoro, colmas todo deseo, tú lo vales todo.”

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