Se va asentando…

Ha llegado la hora. Hace días que ronda por la cabeza, por el corazón… llegó la hora de dejar que se asiente. Precisamente hoy comentaba que me gustaba escribir, pero “sólo” cuando estaba “inspirada”, sólo cuando había vivencias, interiores y exteriores, que relatar. Es innegable que actualmente se reúnen las condiciones, así que, finalmente, aquí estoy, lista. Lista para ordenar, para poner en palabras, para compartir… porque cada vez que escribo, abro una puerta que permite atisbar dentro de mí, desde mi vulnerabilidad y a la vez contribuyendo a ella, exponiéndome y a la vez, precisamente por ello, ayudándome a encontrarme con una parte de mí bien real, y a veces es un respiro poder decir: uf, esta soy yo, sin maquillaje, sin antifaces, mi yo con mis luces y mis sombras… una yo que, cuando menos tiene, tiene confianza, pues está dispuesta a abrir (puerta, ventana o a veces tan solo una rendija) esperando que del otro lado aparezcan ojos que sepan ver belleza o luz donde una solo reconoce confianza, y ésta a veces llena de dudas, vergüenza y pudor. En fin, heme aquí.

reloj-arenaEstos días ha acontecido mucho, tanto, que reconozco que no he tenido tiempo de procesarlo todo. Y eso que han pasado días, y con ellos espacios de silencio que han arrojando luz sobre los hechos… bueno, los hechos son bastante claros y solo cabe asimilarlos; sobre lo que realmente hay que arrojar luz es sobre la capa inferior, sobre los motivos, los sentimientos, los miedos, los mecanismos de defensa… sobre el sentido de mi vida, sobre la meta que persigo, y, en última instancia, y es algo a lo que veo que tengo que llegar pero todavía no he tenido ocasión, sobre mi yo frente al otro, sobre mi testimonio, sobre el yo-tú junto al yo-Tú.

Vamos a por una imagen, ellas me ayudan a coger perspectiva, a ver cosas que mirándolas de frente no veía. Si generalmente hubiera descrito la situación como una montaña rusa, hoy no quiero hacerlo, pues me parece ya muy visto, y a la vez creo que puedo ir más profundo que eso. Diría… diría que estoy en una de esas casas de los espejos. Yo soy yo, y estoy entera, y normal. Pero voy avanzando por el laberinto, y me encuentro con que mire a donde mire veo espejos distintos. Toda situación me permite verme, pero también me distorsiona. Si miras el espejo, y te olvidas de todo, la has liado. Y la has liado porque lo que ves no corresponde con lo que es. Y, sin embargo, si el espejo te hace más baja y ancha, o más larga y delgada, no deja de mostrar tu cabello moreno o tus ojos marrones, pues en todo espejo hallarás parte de ti. Cada uno es fiel a una parte distinta, pero no somos partes, somos un todo. La cuestión es no horrorizarse por la imagen que da el espejo, sino saberse en una casa de espejos, trascender y abarcar el todo, y así tomarte la casa de espejos como juego, y bailar con ella… eso sí, las casas de espejos suelen ser una especie de laberinto, muchas salidas vuelven a llevarte al centro, o terminan súbitamente con otro espejo, por lo que hay que volver atrás. Es importante no desesperar y buscar esa salida, pues está ahí, y ésa es la meta.

Saberme en la casa es saberme creada. El que diseñó esa casa sigue velando. Quiero “sumarle el minuto a los dos meses” (perdón, broma privada), quiero trascender ese conjunto de espejo-situación y ver la casa-historia, y quiero verla con los ojos del Arquitecto. Me debato. Me debato entre esa imagen, de la casa de espejos, y pensar que he llevado esa imagen demasiado lejos y que no se corresponde con la realidad, como si la situación pudiera metamorfosear la identidad del que la vive. Quiero creer que no, que el peligro está en creerse la ilusión, en salir de la casa de espejos y sentirse intimidado por los ojos que parecen mirarle desde más arriba, o por el contrario salir con la cabeza demasiado erguida, y creerse con derecho a mirar desde lo alto con altivez.  Ni soy la reina del baile ni no me como un rosco, ni soy duro diamante inalterable, ni soy blando grafito quebradizo.

Me equivoqué, ya no temo decirlo, me confieso culpable. Y ahora puedo decir que la situación no me era indiferente. Tampoco pienso achacárselo todo a los condicionantes, sería irreal e injusto, pues yo era consciente, fue un acto libre. Me avergüenza, no obstante, ya no me horroriza… era la punta del iceberg, sin punta, el iceberg sigue existiendo y sigue causando daño. Cortarle la punta al iceberg, para dejar de verlo sobre el mar, no evitará que el barco vuelva a estrellarse, lo que hay que hacer es cambiar el rumbo. La cuestión es hacia dónde. Me pregunto si al cambiar de rumbo no hallaré otro iceberg en mi camino, me pregunto qué lo ocasiona, y por qué a esas zonas no les llega el sol con suficiente fuerza. Me pregunto si puedo llegar a mi destino sin pasar por esa zona, o si debo aprender a atravesarla, descubriendo a tiempo los icebergs para virar y pasar junto a ellos, pero atravesando sus aguas. Me pregunto a qué profundidad está ese miedo que he logrado identificar, miedo al dolor… que era uno de los condicionantes. Y me pregunto si la evasión es un componente de todos los icebergs o de alguno, si infesta la zona o es parte de toda zona, de todo mi mundo.

No sé si aproveché la ocasión para crear la distracción, o si coincidieron fruto del azar. Creo que tan solo adelanté lo que igualmente hubiera acontecido, pero no hay manera de saberlo. El todo es que una situación ha cogido más protagonismo, porque me sitúa más en el centro, está más sujeto a mi control. Quiero dedicarle un pensamiento al otro. Duele, pero no en exceso. Da miedo, sí, aunque vuelva a posicionarme a mí más en el centro, esa emoción sobresale. Soledad, responsabilidad, madurez, ejemplo, comparación, pepito grillo, fidelidad… muchos conceptos vienen a la mente al intentar explorar ese miedo. Pero también, gracias a Dios, puedo dar un paso a un costado y siento empatía, y buenos deseos para con otro, y me descalzo y tiendo la mano. Como acostumbra a pasar, prevalecen los recuerdos de lo bueno y bonito, la alegría, la broma, la compañía… y la complementariedad. Me acordaré, estaré.

Se hace tarde, he perdido el hilo… si es que alguna vez lo hubo. Sé que he hablado mucho en parábolas, símiles y figuras, sin llegar a relatar lo acontecido… me perdonaréis que exponga mis vivencias aunque no los hechos, no soy la única implicada, y hay cosas que es mejor que queden así, “veladas”. Con esto me despido, hasta la próxima publicación.

 

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