En la línea

El pelo revuelto, el golpecito de calor al entrar y aproximarme a la estufa encendida, la lengua se desliza sobre una muela… y surge la sonrisa. Soy consciente de haber pisado una línea, y viene a mi cabeza tantas y tantas veces en que caminé sobre el bordillo, como si fuera niña chica, con los brazos extendidos y una sonrisa de oreja a oreja, porque la vida es aventura, porque el riesgo te hace permanecer despierto y sentirte vivo, porque confiaba en mí y nunca temí caer. Porque estoy cansada de caminar sobre seguro, de temer arriesgar. Porque me conozco. Y aunque me sé frágil, me sé decidida. Aunque puedo caer, lo esencial no lo cambio tan fácilmente.

Y recuerdo este tiempo transcurrido desde que Soñé… y no ha sido fácil porque hay una tensión, es cierto, una tensión que tira en lados opuestos, pero me atrevería a decir que es una tensión que me hace crecer, que no me va a romper pero sí ensancha mis límites. Y es que la vida no es fácil, y menos si quieres vivirla en profundidad. No espero que lo sea. Y veo un gran cambio, una especie de punto de no retorno, y todo ha sido diferente.

Hoy puedo palpar la esperanza, veo un futuro posible donde antes solo había tinieblas, porque he reconocido la situación, porque he dejado de tener miedo, porque quiero arriesgar sin temor aunque no esté exento el respeto, ya que sería una temeridad tomárselo demasiado a la ligera. Creo que es hora de un cambio de perspectiva, de que la oposición se torne aceptación, e incluso gratitud.

Hace poco me acordé de un mini-descubrimiento que me iluminó esta reflexión, me llama la atención cómo muchos mini-descubirmientos de poca trascendencia en su momento, cobran especial importancia al insertarlos en una reflexión; cosas que descubrí, se me olvidaron, y ahora me ayudan. La que recordé hoy tiene los contornos un poco difuminados, pero la idea principal era algo así como que Dios está más allá de la capilla, de los rezos preestablecidos, o de todo sitio donde espere encontrarle, que Dios está en todos lados, y que el hecho de que alguna vía tradicional no me lleve a Dios no significa que no pueda hallarle en otras alternativas. Suena muy intuitivo, de sobras conocido que Dios está en todas partes, y sin embargo en su momento para mí fue toda una revelación, y hoy me ayuda a ese cambio de perspectiva.

También me recuerda que hay esperanza, y que me quedan cartas por jugar. No quiero intentar abarcarlo todo y quedarme en nada, pero veo la necesidad de un cambio radical de actitud. Es tiempo de ponerme en marcha, de actuar, de coger el mango de la sartén. De descruzar los brazos, de dar lo mejor de mi. Desde la humildad de saber que no siempre podré hacerlo, que hay días mejores que otros, y que la perfección está lejos y que si evalúo mi situación respecto a ese punto situado en el infinito, volveré a decepcionarme; pero si la evalúo en función de mis progresos en una escalera que lleva a la perfección, en la que lo que prima es avanzar o como mínimo tender a ello, esa tensión me llevará a seguir creciendo y mejorando.

Ponerse en marcha cuesta, empezar es difícil, desde recuperar el ritmo de hacer deporte o el hábito de estudio, hasta los temas referentes a lo espiritual, hace falta una determinada determinación para empezar, continuar es más sencillo. Es hora de hacerlo, dejar la dejadez, zambullirse en la piscina, y empezar a vivir, pues soy yo la que lleva las riendas (Espero que siguiendo el soplo del Espíritu). Y si quiero vivir tengo que empezar a centrarme en lo que tengo, a dar gracias por lo que día a día recibo y muchas veces paso por alto, y dejar de soñar con lo que no tengo, pues me impide ver todo lo bueno que me rodea.

Cuando la pasión falla: constancia y esfuerzo, construcción ladrillo a ladrillo. Pasó el tiempo de las excusas y la autocompasión. Me siento de nuevo empoderada, y eso me permite reconciliarme conmigo misma, y darle paso a Dios. Desde arriba veo que caer es normal, que lo importante es levantarse, y que permaneciendo abajo no lo soluciono. Y me siento fuerte, y me siento capaz, pues veo el camino a recorrer y tengo ganas de probarme a mi misma.

Por eso, me basto. Pero me basto como lo haría un director. Se sabe líder, se sabe responsable, sabe que en sus manos está el proyecto, que es suyo… y simultáneamente sabe que necesita de cámaras, de ayudantes, de estilistas, de técnicos y muchas personas y recursos más. Se sabe líder pero se sabe necesitado de otros. Y, siendo líder de mi vida, sé que por encima del director está el Productor. He tocado con los pies en la tierra, y sé de qué pie cojeo, conozco mis limitaciones (aunque igual no todas), y sé que permanecen ahí aún después de esta reflexión. Mis carencias están ahí. Pero, aunque no pueda proclamar a voz en grito ese “Solo Dios basta” de Santa Teresa, sé que he dado algún paso en la dirección correcta. Dios convirtió la flaqueza de Santa Teresa en una de las vías por las que más bien hizo. Su flaqueza se transformó en fortaleza. Yo acepto esa mi flaqueza (una de ellas) y espero poder volver a cantar con Santa Teresa en algún momento. Voy a intentar utilizar sabiamente las herramientas que ha dejado en mi poder. Y, juntos, a conquistar ese universo complejo que es mi vida.

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