El Señor de la Vida

 El Señor de la Vida

Voy a hablar de la Vida
Que tiene primacía
Pues venciendo a la muerte
Salvó a esta rebelde

Del sepulcro salió
Es más fuerte el amor
Me tiendes el bastón
-Te quiero en la misión

Sígueme, ven conmigo
Atraviesa el peligro
Te pido confianza
Tú eres mi amada

Abbá pequeña soy
Pero a tu lado voy
Toma mi corazón
Repleto de ilusión

Recuerda tu objetivo
Tu ego no es tu amigo
Mi Hijo os he enviado
Es perfecto y humano

Tras esta cerrazón
Se oculta mi temor
Tratar y no llegar
Caer del pedestal

Lo he dicho y lo repito
Mira cómo te miro
En mi hallarás descanso
Tu vida entregando

Toca decir adiós
El tiempo ya acabó
Sé que tú no te vas
Siempre a mi lado estás

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Cambio de rumbo

LunaDeHoy.jpgHace un tiempo que vengo rezando y tomando conciencia de la necesidad de un nuevo rumbo. Sé que aunque las determinaciones se toman de un día para el otro, girar un barco grande lleva su tiempo. Hay días significativos. La experiencia me ha enseñado a no mitificarlos para no generar falsas expectativas y derrotismos, pero también a no dejarlos pasar sin dedicarles otro pensamiento. Acoger el día y sus enseñanzas, procurar que cuaje, poner los pies en la tierra y fijarse objetivos… Todo ello sí debo hacerlo. Hoy ha sido un día muy lleno. A primeras no se me ocurriría denominarlo muy bueno, aunque tampoco sea muy malo… Pero a estas horas de la noche, con perspectiva, creo que finalmente puede ser la guinda de ese cambio de rumbo que hace tiempo venía viendo y probando, esperando.

Creo que ahora importa menos el qué pasó que el qué cambió, o que aprendí. Bajo la luz de esta luna preciosa que está al 94% y me acompañó en un momento muy emotivo hace unas horas, creo que debería empezar por la gratitud. Gratitud por esta Luna y este Dios que se me hace presente aún en la aparente esterilidad. Gratitud por personas en mi vida que me acompañan y estimulan, que me hacen crecer y me aman y se preocupan por mí. Gratitud por las oportunidades de formación y crecimiento. Gratitud por este medio para rezar y reflexionar, que me permite bajar barreras, quitar armaduras y expandir el alma y el corazón. Quiero convertir mi perdón en aprendizaje y mejora. Creo que puedo desempeñar mejor mi papel de coordinadora de equipo en la medida en que  mi prioridad sea el bien del grupo y sus miembros, en que facilite la comunicación y la organización y no escatime en tiempo, recursos, trabajo… Creo que la oración será mucho mas fecunda y fructífera si logro volver a aceptar que hay muchas maneras de comunicar, de orar, y que la presencia y las ganas (o la confianza y determinación en su ausencia) son mucho más productivas que la verborrea, la sobresaturación de información (aunque ésta sea buena), o el llenar los silencios con cualquier cosa que encuentre. Creo que todo el mundo merece ser escuchado y respetado, y el “ojos que no ven, corazón que no siente” me perjudica a mí pues tanto yo como “el que todo lo ve” sabemos cuándo estoy y escucho, o cuándo aparento estar.

Hoy aprendí otra lección, una que me tocó el corazón. Dos en una quizás. Doy gracias por las clases de la tarde de hoy. El clima de confianza y apoyo, de complicidad y seguridad permitieron que mucha gente se abriera y compartiera su vida privada y lo que era importante para ellos. Su corazón descubierto nos ayudó a todos a abrir más el nuestro. Compartí mi tiempo líquido. Esos altibajos que hacen que aumente la diferente percepción de la velocidad del transcurso del tiempo. La profesión también me somete a una cierta tensión que acelera o ralentiza la velocidad. Hoy el videotestimonio de una religiosa marcó una gran diferencia. Supongo que influye mucho el clima y lo que habíamos hecho y compartido hasta entonces. La idea con la que me quedo es que el Señor es el primero de mi lista. Y que aquí se aplica el principio de jerarquía del que nos hablan en mis clases de régimen jurídico. Nunca lo inferior puede ir en contra de lo superior. Nunca puedo anteponer lo que haga, mis sueños, y los mediadores, al Señor. Nos llama a la plenitud y la felicidad. “Dios quiere que le goces”… Tengo que apostar por el primero de mi lista con toda la fuerza de mi baraja, sin guardarme ningún as bajo la manga, pues el primero es el primero, y en él está mi corazón. Tú Señor colmaste mi vida de sentido, me hiciste experimentar el verdadero amor. Me descubrí amada… Pero la gran novedad es que me descubrí capaz de amar. Sé que si puedo amar es porque me amaste primero. Sé que te amo aunque quiero amarte más. Sé que juntos podemos tomar las riendas de mi vida y llevarla por tu camino. Se que quiero seguirte y ser como tu, y eso empieza por ser buena. Sin amilanarme, pero aceptando mis limitaciones y explotando al máximo mis dones… Sin dejar de ser yo, pues soy grande a tus ojos sin olvidar que saco lo mejor de mí contigo.

Bajo esta luna vuelvo a hacer mía la experiencia de mi conversión y vuelvo a pedirte que me ayudes a abrirte las puertas de mi corazón para que entres a mi vida y comas (celebres) conmigo. Rindo mi vida a tus pies. Me pongo en tus manos. Renuncio a mis caminos para acoger los tuyos. Señor… Tuya soy.

You are the truth and in you I trust. I love you. Yours always. Carol.

Dos años como novicia

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Hoy hace dos años que soy novicia. Hoy hace dos años que respondí, de nuevo, a tu llamada de amor. Entré al noviciado esperando un tiempo de intensidad, de escucha y de aprendizaje, de silencio y de oración, de profundizar y de hacer mi casa más hogareña (en los dos sentidos, hacerme más a Nazaret y hacerte hueco en mí). Me iba de Barcelona al encuentro de nuevas tierras, en las que descubriría a gente nueva y hasta otra manera de vivir. Era consciente de empezar un camino, aunque a la vez era prolongación del anterior, fidelidad a ese primer sí que iría renovando en adelante. Un sí que se va matizando y profundizando, que abarca cada vez más, del que he ido descubriendo la fuerza y he ido reconociendo que tiene más de don que de mérito. Recuerdo gratitud, expectativa y ganas. Un cierto temor tamizado por confianza. Ganas de entregarme y de vivir la experiencia completa y en profundidad.

Señor, estos dos años han sido años de camino, de avance (también con sus momentos de retroceso), de movimiento. De descubrirme y de descubrirte, de perderme y de (aparentemente) perderte. Me he desviado del camino, para descubrirte como ese Padre que espera a su hijo pródigo, como Padre de misericordia y ternura. Y, simultáneamente, descubrirme pequeña y necesitada de humildad, y de ti. Lo bonito es que según iba descubriendo la oscuridad en mí, iba entendiendo (aunque no siempre de buenas a primeras) lo que decía San Pablo de tu fuerza en mi debilidad, de que cuando yo soy pequeña entonces tú eres grande. Dos años en los que me has llevado de la mano mientras iba descubriendo como seguirte, como escucharte y como ponerme en tus manos (y me iba dando cuenta que también esto es don, y hay que pedirlo, pues sola nada puedo).

Y me doy cuenta que no te estoy escribiendo con fluidez, pues todo brota a borbotones y los sentimientos se mezclan con los recuerdos y estos con aprendizajes… Y es un cacao como lo es la vida misma. Y en medio de ese cacao estás tú, siempre el mismo y a la vez siempre cambiante. El inmutable con muchos rostros.

El noviciado ha sido tiempo de exponer el corazón, de derribar barreras y armaduras, de dejarme tocar… y dejarme doler. De dejar entrar al otro en mi vida y hacer de sus dolores y preocupaciones los míos, como también compartía su alegría. Tiempo de descubrir mis dones (aunque esto a veces se me ha hecho más difícil) junto con mis limitaciones, y tratar de poner las primeras al servicio de los demás y entregarte las segundas reconociéndolas como mías mientras me prometía que no dejaría de luchar por pulirlas. En estos dos años me ha mordido la soledad… Tu (aparente) ausencia… Pero he descubierto también la comunión, los lazos más profundos y que llenan más que el mero tener a alguien al lado. He encontrado la plenitud y la felicidad auténtica. He descubierto nuevos lugares, tanto en el exterior como en el interior, y me he emocionado, he disfrutado, y he soñado.

He conectado con el Cantar de los cantares, y he hecho mías las penas y gritos de incomprensión de salmos y profetas. Estos dos años me han acrisolado, aunque soy consciente de que aún falta camino por recorrer, que la vida entera es camino. He descubierto también que, aunque estés siempre, cuando no te siento te haces presente en las mediaciones que pones en mi vida, pues en todo este tiempo nunca me ha faltado una mano amiga cuando he levantado la mirada de mi ombligo para pedir ayuda. Me ha sorprendido la bondad de la gente… una y otra vez me encontraba parpadeando frente a mensajes inesperados, de apoyo, cariño y cercanía. También he descubierto la vileza, y que el mal está más cerca de lo que jamás pensé (pero he optado por seguir amando, seguir confiando, por buscar siempre el blanco pues nadie es solo negro ni solo blanco, somos grises y siempre hay algo de blanco en las personas… Prefiero ser ingenua y que me la peguen a pasar por la vida recelando de todos). Hay situaciones en las que me he visto impotente y no puedo sino dar gracias por la fe, pues aún cuando me parece que no hay nada que yo pueda hacer, siempre puedo rezar, alzar la mirada y ponerlo en tus manos sabiendo que tus planes siempre son buenos y que quieres lo mejor para cada uno de tus hijos, aún cuando a nosotros nos resulte incomprensible en el momento. También he descubierto que tú tienes tus tiempos, que no por madrugar amanece más temprano, y que cada uno tiene su proceso y nunca es tarde si la dicha es buena (ya me entiendes, no estoy diciendo que eso sea excusa para postergar el estudio… que nos conocemos). También me he visto con tantísimas oportunidades en este tiempo de noviciado y de formanda en general que la gratitud es inmensa y quiero aprovechar bien cada una de ellas, sabiendo que estoy invirtiendo en el futuro (M. Cecilia nos ha contado muchas veces sobre ese sacerdote que decía que se imaginaba a sus futuros estudiantes o fieles de su parroquia, no recuerdo bien, pidiéndole que se preparara bien para cuando le tocara el momento de guiarlos).

En este tiempo de noviciado he tenido la ocasión de conocer más en profundidad a otras formandas de diferente procedencia, así como a hacer camino junto a otras novicias. He vivido entradas y salidas (y de lejos también alguna primera profesión), y he estado en varias misas exequiales. Cada vez valoro más que lo primordial son las personas y cómo éstas influyen en la vida de uno, todas han dejado testimonio, huellas en mí, de todas hay algo que aprender.

Se me acaba el tiempo, tendremos que retomarlo en otro momento. Me queda decirte gracias, Señor, por estos años de noviciado, en los que espero haber crecido en estatura, sabiduría y gracia, en Nazaret. Gracias por llamarme, por escogerme, por amarme sin medida. Quiero, en la medida de mis posibilidades, corresponderte. Te quiero.

Yours always,

Carolina.

29/01/19 8:30am

3 años

Hace poco menos de una semana celebré mi tercer aniversario como Misionera de Nazaret. No sé hasta que punto es adecuada esa formulación. Cuando me preguntan o me presento, digo que soy monja (técnicamente religiosa) en proceso. No es cualquier cosa, ese calificativo implica una gran diferencia en la concepción y tiene gran repercusión. De cualquier forma, hace tres años que entré a formar parte de la gran familia Nazaret, y si Dios quiere, seguiré echando para adelante.

Hace ya un tiempo que de vez en cuando me da por repetir ese “tres años” casi como si de un mantra se tratara, para interiorizarlo, para hacerme a la idea y creérmelo, porque es cierto, son ya tres años. Me sorprende y me agrada. Es mucho lo vivido desde entonces, y me siento transformada. Me veo más madura, más consciente de la realidad (más capaz de diferenciarla de la apariencia y el autoengaño), más consciente también de dónde me he metido, y algo más centrada en lo esencial. Poco a poco he ido haciendo camino para dilucidar qué es lo que quiero, qué me mueve, a dónde quiero tender. He ido reconciliándome con la soledad y con el silencio, a la vez que descubría el inmenso camino que me queda por recorrer con el silencio y que esa soledad tiene muchas caras, entre ellas la soledad habitada. Me he ido descubriendo acompañada: por Dios, y por mi comunidad y los “otros”. Dentro de mi unicidad he vislumbrado que sí soy diferente, pero también una de tantos, que hay algo intrínsecamente mío y cosas que se dan de forma distinta en cada persona, pero a la vez que no soy la única a la que le pasa x o y, o que se siente p o z. Y, últimamente en mayor medida, me he ido encontrando con ese “no estoy sola en el mundo, y eso interpela”. Hoy, particularmente, ha vuelto a impactarme un testimonio que giraba en torno a una idea que me ha ido apareciendo últimamente con mucha frecuencia. Desde esa primera afirmación que me sacudiría de pies a cabeza: “Nadie entra a la vida religiosa para divertirse”, hasta ese mensaje que me ha ido llegando uno y otra vez por distintas vías y que hoy volvía a tomar forma en ese testimonio que hoy se concretaba en la felicidad de una de las hermanas por la felicidad de otras hermanas. Es ese dar que da más felicidad que recibir, pero sobretodo más que dar es un darse. Apareciendo una y otra vez cual bumerán. Darse, el otro… Somos seres sociables que vivimos en sociedad, seres de y en relación. Y cada vez estoy más convencida de que Dios me está llamando ahora concretamente a un mayor descentramiento, a poner en el centro al otro en razón de Él.

En estos tres años he tenido mis buenas dosis de altibajos. Hace un par de días fui consciente de que no conocía la respuesta al cómo estoy actualmente. Creo que ahora lo tengo algo más claro. Vuelvo a definir mi momento actual como un tiempo de búsqueda. Ahora bien, tras escribir sobre ese descentramiento (que realmente considero una llamada importante) ahora veo que la búsqueda cobra otro matiz. Esa búsqueda está afectada por esa llamada. ¿Qué busco? ¿Qué espero?… ¿Que Te/le pido? De nuevo, no es indiferente hacia donde posiciono el foco. A riesgo de sonar egoísta total por no ser ésta la norma, quiero confesar que hace un par de días tuve un momento de lucidez especial, un momento de luz… experimenté realmente lo que es alegrarse por el bien del otro. Me hizo muy feliz ver a otra persona feliz. El bien del otro me colmó, aunque fuera solo un instante, en gran medida. Pude saborear un “me alegro por ti”, muchísimo más real y transparente que esa respuesta aprendida y dicha cual formulismo. Y veo que es una escalera de dos peldaños, de la envidia a la indiferencia y de ésta a la alegría por el bien ajeno. Fue un instante, pero ahora veo que fue un instante lleno de Dios y de su gracia. ¿Pido mi felicidad o pido el bien del prójimo?

Estoy descubriendo quién soy y quién quiero llegar a ser. Me viene a la mente la cita de San Pablo a los Romanos: “querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”. Me sorprendo consintiendo a lo que no me beneficia. Pero recuerdo la imagen de la goma de caucho, hay todo un rango desde la laxitud hasta la tirantez que acaba rompiéndola, y dentro del rango se halla ese punto de equilibrio óptimo donde poder dar lo mejor de una misma. Por eso, quiero alimentar mis ideales, luchar por mis sueños. Y sé que Uno es el modelo y guía. Y sé que el encuentro y la escritura con los medios por el que conocerle y poder ir configurándome con Él. Una persona me dijo una vez: “no temas encontrarte con Jesús (…) Es verdad que puede herir, pero herir de amor, en palabras de Santa Teresa. (…) Es un buen tipo… Te puedes fiar de Él” y estoy más que dispuesta a dejarme encontrar, a abandonarme confiada en Sus brazos. Así que sí, Señor, con tu ayuda (te lo pido) me comprometo a estar atenta a tu voz para abrirte la puerta y que entres para que cenemos juntos.

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Preguntas

Tengo la suerte de vivir con alguien que sabe hacer preguntas. La suerte y la desgracia. Desgracia en el sentido de que interpela, moviliza, y una a veces preferiría quedarse tranquilamente en la inopia… pero acaba una agradeciendo y tachándolo de suerte, porque en el fondo sé que es bueno que nos saquen de la zona de comfort. Hace mucho tiempo que no escribo aquí, lo sé, y he tenido intención de hacerlo. La verdad es que he tenido un par de meses extremadamente movidos. Se mezclaban dos cosas; por una parte, no en todo momento estaba dispuesta a sentarme y ponerlo todo en claro y sobre la mesa, por otra, cuando lo hacía era demasiada verdad y crudeza como para exponerlo aquí en público. Así que el tiempo ha ido pasando, y no he escrito. Ahora, las aguas casi han vuelto a su cauce.

Ovillos
Lo que me ha llevado a escribir hoy, además de que hacía tiempo que quería y me sienta fenomenal para aclarar ideas y compartir, es una pregunta que me han hecho hace apenas un ratito. Nada del otro mundo, y sin embargo un mundo. Me recuerda a una amiga, que también sabe hacer la pregunta oportuna en el momento oportuno, y te deja pensando. Las personas somos complejas…. al menos yo me veo a mi misma como un ovillo todo enrevesado. Y me he dado cuenta de que suele haber una capa subyacente, de que las personas actuamos movidas por un sinfín de fuerzas: motivos, esperanzas, anhelos, sueños, miedos, proyectos, fachadas, mecanismos de defensa… suele haber algo más, suele haber un por qué aunque éste esté velado incluso a nuestros propios ojos. No siempre sabemos qué nos mueve, pero no hay duda de que conviene preguntarse. En el fondo, esos porqués nos mueven, y lo que hacemos… o lo que perseveramos en hacer, acaba definiendo cómo somos, y, hasta cierto punto, quienes somos.

Tengo ganas del verano, del cambio de aires… no quiero que sea una huida. Me pregunto, ¿De qué huir? Me pregunto ¿Si pudiera ir a cualquier lugar, a dónde iría (qué valoro, por qué apuesto, a qué renuncio… la pregunta bien considerada es muy amplia)? Me pregunto, ¿Quién me acompaña en el camino? Me pregunto cómo me relaciono con el pasado, con mi historia, y cómo afecta ésta a mi vida y mi futuro. Me pregunto qué espero de mis relaciones, y creo que es hora de ver qué espacio ocupa cada una. Me pregunto qué es lo mejor de mi vida, y qué me gustaría cambiar… y cada una de estas preguntas es un hilo, un cabo del que tirar al que van unidos muchos otros hilos, así que hay que irlos procesando poco a poco, en oración, con transparencia y sinceridad, profundizando. Es todo por ahora. Queda el final abierto, al tirar del hilo va desenrollándose, y sigue y sigue… 😉

Se va asentando…

Ha llegado la hora. Hace días que ronda por la cabeza, por el corazón… llegó la hora de dejar que se asiente. Precisamente hoy comentaba que me gustaba escribir, pero “sólo” cuando estaba “inspirada”, sólo cuando había vivencias, interiores y exteriores, que relatar. Es innegable que actualmente se reúnen las condiciones, así que, finalmente, aquí estoy, lista. Lista para ordenar, para poner en palabras, para compartir… porque cada vez que escribo, abro una puerta que permite atisbar dentro de mí, desde mi vulnerabilidad y a la vez contribuyendo a ella, exponiéndome y a la vez, precisamente por ello, ayudándome a encontrarme con una parte de mí bien real, y a veces es un respiro poder decir: uf, esta soy yo, sin maquillaje, sin antifaces, mi yo con mis luces y mis sombras… una yo que, cuando menos tiene, tiene confianza, pues está dispuesta a abrir (puerta, ventana o a veces tan solo una rendija) esperando que del otro lado aparezcan ojos que sepan ver belleza o luz donde una solo reconoce confianza, y ésta a veces llena de dudas, vergüenza y pudor. En fin, heme aquí.

reloj-arenaEstos días ha acontecido mucho, tanto, que reconozco que no he tenido tiempo de procesarlo todo. Y eso que han pasado días, y con ellos espacios de silencio que han arrojando luz sobre los hechos… bueno, los hechos son bastante claros y solo cabe asimilarlos; sobre lo que realmente hay que arrojar luz es sobre la capa inferior, sobre los motivos, los sentimientos, los miedos, los mecanismos de defensa… sobre el sentido de mi vida, sobre la meta que persigo, y, en última instancia, y es algo a lo que veo que tengo que llegar pero todavía no he tenido ocasión, sobre mi yo frente al otro, sobre mi testimonio, sobre el yo-tú junto al yo-Tú.

Vamos a por una imagen, ellas me ayudan a coger perspectiva, a ver cosas que mirándolas de frente no veía. Si generalmente hubiera descrito la situación como una montaña rusa, hoy no quiero hacerlo, pues me parece ya muy visto, y a la vez creo que puedo ir más profundo que eso. Diría… diría que estoy en una de esas casas de los espejos. Yo soy yo, y estoy entera, y normal. Pero voy avanzando por el laberinto, y me encuentro con que mire a donde mire veo espejos distintos. Toda situación me permite verme, pero también me distorsiona. Si miras el espejo, y te olvidas de todo, la has liado. Y la has liado porque lo que ves no corresponde con lo que es. Y, sin embargo, si el espejo te hace más baja y ancha, o más larga y delgada, no deja de mostrar tu cabello moreno o tus ojos marrones, pues en todo espejo hallarás parte de ti. Cada uno es fiel a una parte distinta, pero no somos partes, somos un todo. La cuestión es no horrorizarse por la imagen que da el espejo, sino saberse en una casa de espejos, trascender y abarcar el todo, y así tomarte la casa de espejos como juego, y bailar con ella… eso sí, las casas de espejos suelen ser una especie de laberinto, muchas salidas vuelven a llevarte al centro, o terminan súbitamente con otro espejo, por lo que hay que volver atrás. Es importante no desesperar y buscar esa salida, pues está ahí, y ésa es la meta.

Saberme en la casa es saberme creada. El que diseñó esa casa sigue velando. Quiero “sumarle el minuto a los dos meses” (perdón, broma privada), quiero trascender ese conjunto de espejo-situación y ver la casa-historia, y quiero verla con los ojos del Arquitecto. Me debato. Me debato entre esa imagen, de la casa de espejos, y pensar que he llevado esa imagen demasiado lejos y que no se corresponde con la realidad, como si la situación pudiera metamorfosear la identidad del que la vive. Quiero creer que no, que el peligro está en creerse la ilusión, en salir de la casa de espejos y sentirse intimidado por los ojos que parecen mirarle desde más arriba, o por el contrario salir con la cabeza demasiado erguida, y creerse con derecho a mirar desde lo alto con altivez.  Ni soy la reina del baile ni no me como un rosco, ni soy duro diamante inalterable, ni soy blando grafito quebradizo.

Me equivoqué, ya no temo decirlo, me confieso culpable. Y ahora puedo decir que la situación no me era indiferente. Tampoco pienso achacárselo todo a los condicionantes, sería irreal e injusto, pues yo era consciente, fue un acto libre. Me avergüenza, no obstante, ya no me horroriza… era la punta del iceberg, sin punta, el iceberg sigue existiendo y sigue causando daño. Cortarle la punta al iceberg, para dejar de verlo sobre el mar, no evitará que el barco vuelva a estrellarse, lo que hay que hacer es cambiar el rumbo. La cuestión es hacia dónde. Me pregunto si al cambiar de rumbo no hallaré otro iceberg en mi camino, me pregunto qué lo ocasiona, y por qué a esas zonas no les llega el sol con suficiente fuerza. Me pregunto si puedo llegar a mi destino sin pasar por esa zona, o si debo aprender a atravesarla, descubriendo a tiempo los icebergs para virar y pasar junto a ellos, pero atravesando sus aguas. Me pregunto a qué profundidad está ese miedo que he logrado identificar, miedo al dolor… que era uno de los condicionantes. Y me pregunto si la evasión es un componente de todos los icebergs o de alguno, si infesta la zona o es parte de toda zona, de todo mi mundo.

No sé si aproveché la ocasión para crear la distracción, o si coincidieron fruto del azar. Creo que tan solo adelanté lo que igualmente hubiera acontecido, pero no hay manera de saberlo. El todo es que una situación ha cogido más protagonismo, porque me sitúa más en el centro, está más sujeto a mi control. Quiero dedicarle un pensamiento al otro. Duele, pero no en exceso. Da miedo, sí, aunque vuelva a posicionarme a mí más en el centro, esa emoción sobresale. Soledad, responsabilidad, madurez, ejemplo, comparación, pepito grillo, fidelidad… muchos conceptos vienen a la mente al intentar explorar ese miedo. Pero también, gracias a Dios, puedo dar un paso a un costado y siento empatía, y buenos deseos para con otro, y me descalzo y tiendo la mano. Como acostumbra a pasar, prevalecen los recuerdos de lo bueno y bonito, la alegría, la broma, la compañía… y la complementariedad. Me acordaré, estaré.

Se hace tarde, he perdido el hilo… si es que alguna vez lo hubo. Sé que he hablado mucho en parábolas, símiles y figuras, sin llegar a relatar lo acontecido… me perdonaréis que exponga mis vivencias aunque no los hechos, no soy la única implicada, y hay cosas que es mejor que queden así, “veladas”. Con esto me despido, hasta la próxima publicación.

 

Just do it!

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– Venga Carolina, mueve el trasero y siéntate en la almohada para reflexionar.
– Ay no, no, que aquí estoy tan bien… ¿y qué diría?¿sobre qué podría escribir?
– Venga va, cuesta pero vale la pena
– No, no. Ya sé! Es que no tengo batería… (y es cierto). Fiú, suspiro de alivio.
– “Tú sabrás” (con tonito)
– (hago caso omiso y, de repente, pierdo la wifi.) ¿Será signo?
– (bailecito previendo la victoria)
– A ver que pondríamos… bueno va, abramos la chuleta esa de “365 Apuntes diarios para escribir”. Y, no puede ser, hoy 15 de marzo el tema es Zona de comodidad y la pregunta ¿Con qué estás más cómodo, con lo habitual y lo planeado, o con la espontaneidad del “dejar hacer”? … Vamos, que como anillo al dedo, que esto es pereza total, lo reconozco… has ganado, puedes seguir bailando. ¡A escribir se ha dicho!

7! Sí, siete. Bueno, supongo que es discutible. Pero dejémoslo así por ahora. Me considero una persona espontánea, me encanta la aventura, la novedad, los desafíos… ¿hola? ¿desafíos? Y precisamente este no es uno de ellos? ¿Por qué huir entonces? Ay, acabo de acordarme de algo. A esa última pregunta mi cerebro, que busca respuestas rápidas y fáciles para todo antes que ponerse a hurgar y profundizar (aunque cuando lo hago soy capaz de bajar varios niveles), responde con la idea de bloqueo del escritor, y me viene a la mente un libro que me terminé recientemente, el hombre en busca de sentido y el concepto de intención paradójica, así que una posible solución a ese bloqueo es precisamente lanzarse a escribir, ¡yo puedo! Volvamos al tema. Zona de comodidad. Ay Señor, miro al reloj y veo como pasa el tiempo, casi se me agota.

Ten minutes left,
the clock has no pity.
So many spent in silence,
trying to fetch a thread.

The string detaches,
it’s between my fingers,
the skein’s apart,
I’m left empty-handed.

I switched the language,
to see if it flowed.
And a theme appeared,
it isn’t what I looked for.

There’s a sting in my heart,
there’s a hunt.
There’s a wall,
there’s a mask.

Shall I peek?
Is it safe?
Will it hurt?
I’m afraid

I take a breath,
open the wound
it’s okay,
It’s been a while.

I recognize this feeling,
it’s loneliness,
It’s ontological, existential
I seem to be okay.

There’s a longing,
it’s for a “you”.
It could be a capital “y”…
Maybe there are too many “you”.

Life goes on.
And I’m happy.
I lack something,
I keep longing.

My energy fluctuates.
So does my strength,
My will keeps me together
I beg you, stay by me.